Argentina enfrenta un desafío educativo complejo: aunque la escolarización de adolescentes aumentó al 97% en 2025, menos jóvenes logran dominar los conocimientos básicos y avanzar en la escuela sin atrasos. Según el Índice de Resultados Escolares en América Latina, elaborado por Martín Nistal y Lucía Vallejo de Argentinos por la Educación, apenas 19 de cada 100 adolescentes de 15 años cumplen simultáneamente con estar escolarizados, cursar el año adecuado para su edad y alcanzar el nivel mínimo esperado en Lectura y Matemática.
Este porcentaje ubica a Argentina en el séptimo lugar de nueve países analizados, superando solo a Ecuador y Paraguay, y quedando detrás de Uruguay, Chile, Brasil, Perú, México y Colombia. Además, la tendencia es preocupante: en 2009, el 26% de los adolescentes cumplía con esas condiciones, pero este indicador fue cayendo de forma sostenida hasta llegar al 19% en 2025, siendo el único país de la región con un descenso continuo.
El índice evalúa tres dimensiones clave: la asistencia escolar, el avance acorde a la edad y los aprendizajes adquiridos. Para integrar el grupo que llega "en tiempo y forma", un estudiante debe estar escolarizado a los 15 años, cursar el año correspondiente y lograr al menos el nivel 2 de las pruebas PISA en Lectura y Matemática, que marca el umbral básico de desempeño definido por la OCDE.
El informe aclara que el 81% restante no está necesariamente fuera de la escuela ni carece totalmente de conocimientos, sino que no cumple con las tres condiciones simultáneamente. Por ejemplo, un 21% de los estudiantes de 15 años presenta sobreedad, cursando un año inferior al esperado, mientras que otros, aunque avanzan en el ciclo, no alcanzan los niveles mínimos en comprensión lectora o matemáticas.
Las dificultades en comprensión lectora afectan el aprendizaje de otras áreas, y las falencias en matemática limitan la capacidad para resolver problemas e interpretar información, habilidades esenciales para la vida académica y laboral.
A pesar de contar con el tercer PBI per cápita más alto entre los países analizados, Argentina muestra resultados inferiores a naciones con menores recursos, lo que indica que las causas no son solo económicas, sino también relacionadas con las políticas educativas y el acompañamiento a las escuelas.
Alejandro Morduchowicz, experto en políticas educativas, señala que "el aumento de la cobertura escolar puede ocultar bajos resultados de aprendizaje" y que combinar asistencia, trayectoria y conocimientos permite una visión más precisa del sistema.
El informe destaca que la mejora en la escolarización no es suficiente si no se garantiza que los estudiantes adquieran los conocimientos necesarios. La recuperación educativa requiere políticas orientadas a detectar dificultades tempranas, fortalecer la enseñanza de Lectura y Matemática, y apoyar a quienes presentan retrasos o bajos resultados.
Las experiencias de países vecinos muestran caminos posibles. Guilherme Lichand señala que Brasil logró reducir la sobreedad y aumentar la proporción de estudiantes con nivel básico en ambas áreas, mientras que Argentina continúa en descenso. Nicolás Buchbinder afirma que la evolución regional permite revisar políticas para equilibrar inclusión y aprendizaje, y Agustín Porres resalta la necesidad de fortalecer la confianza entre gobiernos, escuelas y familias, acompañando de cerca a las instituciones educativas y estableciendo prioridades claras.
Este panorama evidencia que el principal desafío educativo argentino ya no es solo que los adolescentes ingresen y permanezcan en la escuela, sino que efectivamente aprendan, progresen y concluyan sus estudios con las habilidades necesarias para continuar formándose, mejorar sus oportunidades laborales y desenvolverse en la sociedad.