Un reciente estudio nacional (SEDRONAR) sobre el consumo de sustancias psicoactivas en adolescentes encendió una señal de alerta en la provincia: los estudiantes del nivel secundario de Chubut presentan los índices más altos del país en consumo reciente de cocaína, éxtasis y otras drogas sintéticas.
El relevamiento, realizado en escuelas de todo el territorio argentino, muestra que si bien los porcentajes pueden parecer relativamente bajos en términos absolutos, comparativamente posicionan a Chubut en el primer lugar en varias categorías vinculadas a sustancias ilegales de alto riesgo.
Cifras que preocupan
En el último mes:
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El 1,9 % de los estudiantes chubutenses declaró haber consumido cocaína, por encima del promedio nacional.
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El 1,2 % admitió consumo de éxtasis.
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La ketamina registró un 1,1 % de prevalencia mensual.
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El uso de anfetaminas y metanfetaminas alcanzó el 1,2 %, duplicando la media nacional.
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Los alucinógenos también ubicaron a la provincia en el primer puesto, con un 1,1 %.
Detrás de cada punto porcentual hay adolescentes en edad escolar que acceden a sustancias de fuerte impacto en la salud física y mental, lo que obliga a revisar estrategias de prevención y contención.
Más allá de las drogas sintéticas
El estudio también analizó el consumo de sustancias legales o socialmente más normalizadas:
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La marihuana fue consumida por el 13,6 % de los estudiantes en el último mes, ubicando a Chubut entre las provincias con mayor prevalencia.
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El alcohol continúa siendo la sustancia más extendida, con un 62,5 % de consumo reciente.
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El tabaco alcanzó el 15,8 %.
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Los vapeadores o cigarrillos electrónicos registraron un 18,7 %, consolidándose como una práctica cada vez más instalada entre adolescentes.
Un desafío social y educativo
En Chubut participaron más de cuatro mil alumnos de 37 escuelas, dentro de una muestra nacional que superó los 118 mil estudiantes. La amplitud del relevamiento permite trazar una radiografía precisa de la situación actual.
Especialistas advierten que el consumo temprano incrementa el riesgo de dependencia y afecta el desarrollo neurológico, además de impactar en el rendimiento escolar, la convivencia y la salud mental.
El dato central no es solo estadístico: interpela directamente a familias, docentes, autoridades sanitarias y a la dirigencia política provincial. La pregunta que queda planteada es qué políticas públicas se están implementando —o cuáles faltan— para enfrentar una problemática que ya no puede minimizarse.