¿Quieres recibir notificaciones de alertas?

Rosana Naccaro: transformar el dolor en conciencia y acompañar a quienes atraviesan el cáncer de mama

Desde El Maitén, donde encontró una nueva forma de vivir, Rosana convirtió su experiencia con el cáncer de mama en un camino de acompañamiento, información y prevención. A través de Senos Presentes Conciencia, busca que ninguna persona atraviese sola un diagnóstico que transforma el cuerpo, las emociones, los vínculos y las prioridades de toda una vida.

Sabado, 31 de octubre de 2026 a las 09:21

Hay experiencias que llegan para cambiarlo todo. Algunas obligan a detenerse, otras hacen replantear las prioridades y muchas terminan abriendo caminos que, antes de atravesarlas, parecían imposibles de imaginar. Para Rosana Naccaro, el diagnóstico de cáncer de mama que recibió en 2016 fue uno de esos momentos que dividen la vida en un antes y un después. Sin embargo, con el paso del tiempo, aquella experiencia también se convirtió en el punto de partida de una tarea que hoy le da sentido a buena parte de sus días: acompañar, informar y generar conciencia para que otras personas puedan transitar sus propios desafíos con más herramientas y menos soledad.

Radicada en El Maitén desde hace tres años, después de una vida en Buenos Aires, Rosana encontró en la cordillera un escenario diferente para reconstruir sus rutinas, aprender de nuevas realidades y desarrollar una manera particular de vincularse con la naturaleza, con su cuerpo y con los demás. Allí continúa impulsando Senos Presentes Conciencia, una iniciativa nacida de su propia historia, pero que busca ir mucho más allá de ella.

Su recorrido reúne distintas dimensiones de la vida que no siempre resultan sencillas de conciliar: la distancia de sus hijos, el desafío de adaptarse a una geografía diferente, la experiencia de atravesar una enfermedad compleja y la necesidad de transformar lo vivido en una herramienta para acompañar a otras personas. En esa combinación de dificultades, aprendizajes y decisiones personales, Rosana fue encontrando una manera de darle continuidad a su historia sin olvidar aquello que la marcó.

Durante una edición de este ciclo de entrevista de Info Cordillera, compartió parte de ese camino. Lo hizo desde un lugar profundamente humano, sin presentar su experiencia como una fórmula para los demás, sino como un proceso personal que todavía continúa, que exige aprendizaje cotidiano y que le permitió descubrir qué lugar quiere ocupar frente a quienes reciben un diagnóstico de cáncer de mama.

 

De Buenos Aires a la cordillera: aprender a vivir de otra manera

Rosana nació en Avellaneda, provincia de Buenos Aires, y vivió durante muchos años en el barrio de Gerli. Su historia transcurrió durante décadas en un entorno urbano, con las distancias, las costumbres y los ritmos propios de una ciudad. Hace tres años, sin embargo, comenzó una etapa completamente diferente, cuando llegó a la cordillera y se instaló en El Maitén junto a su compañero de vida, que es médico y se trasladó a la localidad para desarrollar actividades en el hospital.

Como ocurre con tantas personas que visitan la Patagonia por primera vez, el paisaje tuvo un papel importante en esa decisión. La naturaleza, las montañas, los espacios abiertos y la posibilidad de alejarse del movimiento permanente de la ciudad forman parte de ese atractivo que invita a imaginar una vida distinta. Pero una cosa es enamorarse de un lugar durante un viaje y otra muy diferente es convertirlo en el escenario cotidiano de la propia existencia.

Rosana lo descubrió a medida que transcurrieron los meses. Detrás de la belleza de los paisajes apareció una realidad que también incluye distancias, dificultades y necesidades que no siempre pueden resolverse con la inmediatez a la que estaba acostumbrada. La Patagonia empezó a mostrarle otra dimensión de la vida, una en la que organizarse, aprender y adaptarse se vuelven parte de cada jornada.

"Al principio te voy a decir, enamoré y hoy, que ya hace tres años que estoy, es algo que me estoy acostumbrando", reconoció al recordar ese proceso. Y explicó que, en ocasiones, todavía se encuentra pensando en todo lo que implica tener que recorrer tantos kilómetros para resolver una cuestión cotidiana, aunque también comprende que esa es parte de la realidad del lugar que eligió habitar.

En ese aprendizaje aparece una reflexión que excede la geografía. Para Rosana, elegir dónde vivir siempre implica aceptar un desafío, independientemente de las características del lugar y de aquello que pueda ofrecer. No se trata solamente de disfrutar de un paisaje, sino de construir una vida dentro de ese contexto, reconocer sus particularidades y encontrar la manera de desenvolverse en él.

La adaptación, entonces, no significa que desaparezcan las dificultades ni que todas las decisiones resulten sencillas. Significa aprender a convivir con una realidad diferente, descubrir nuevas formas de resolver los problemas y aceptar que el cambio también exige paciencia. En su caso, ese proceso continúa abierto, como una parte más de una vida que se encuentra permanentemente en movimiento.

 

La distancia de sus hijos, el desafío más profundo

Si hay una cuestión que atraviesa especialmente la vida de Rosana, es la distancia de sus hijos. Tiene dos: Franco, de 21 años, y Martina, de 16. Ambos permanecieron vinculados a Buenos Aires y, aunque han visitado la cordillera, no lograron encontrar allí las condiciones que necesitaban para querer quedarse.

En el caso de Franco, la distancia se organiza de otra manera. Sus responsabilidades, su trabajo y su relación de pareja hacen que pueda viajar cuando tiene la oportunidad, compartir vacaciones y reencontrarse con su madre. Con Martina, en cambio, la situación presenta una dificultad diferente: la adolescente no pudo insertarse en el colegio ni dejar atrás sus amistades para comenzar una nueva etapa en la Patagonia.

Esa realidad obliga a Rosana a sostener una vida repartida entre dos lugares. Por un lado, está su presente en El Maitén, con su compañero y las actividades que desarrolla. Por el otro, permanece el vínculo cotidiano con sus hijos, sus necesidades, sus procesos y todo aquello que una madre quisiera poder acompañar de cerca. La distancia física no elimina esa responsabilidad emocional; al contrario, la transforma en un aprendizaje permanente.

"Yo en lo personal es un trabajo diario, es un trabajo que hago todos los días", explicó al referirse a la manera en que intenta manejar lo que siente. No lo planteó como una dificultad que se resuelve de una vez y para siempre, sino como un ejercicio cotidiano que requiere reconocer las propias emociones y encontrar herramientas para atravesarlas.

Su formación como especialista en actividad física y psicosomática también forma parte de esa búsqueda. Rosana explica que el cuerpo procesa aquello que sucede emocionalmente y que, en ocasiones, la mente intenta construir relatos que no necesariamente ayudan a comprender lo que uno está viviendo. Por eso, sus actividades se convierten en una manera de buscar equilibrio, reconocer los desequilibrios y aprender a gestionar lo que siente.

La experiencia de la maternidad a distancia le permitió, además, revisar algunos temores que había construido a lo largo de los años. Rosana recordó que, cuando vivía en Buenos Aires, incluso con sus hijos relativamente cerca, podía preocuparse por sus movimientos y por la posibilidad de que algo les sucediera. La distancia geográfica la obligó a aprender otra forma de acompañar, basada en la confianza y en la certeza de que el vínculo puede mantenerse más allá de la cercanía física.

En ese camino, sus hijos también se convirtieron en un sostén importante. Ambos conocen las actividades que realiza a través de Senos Presentes Conciencia, saben cuánto la moviliza esa tarea y la acompañan en el proceso. Cuando Martina puede, incluso participa de algunas de esas experiencias, que suelen reunir a mujeres y sus familias.

Para Rosana, ese apoyo tiene un valor especial. Aunque a veces siente que debería ser ella quien acompañe a sus hijos y no al revés, reconoce que la relación también se construye a través de esos gestos de confianza. Aprender que pueden contar con ella, llamarla, pedirle un consejo y compartir sus preocupaciones, incluso cuando no está físicamente presente, es uno de los grandes aprendizajes de esta etapa.

"Que tus hijos confíen, que te llamen, que te pidan un consejo, no importa dónde estés", reflexionó. En esas palabras aparece una forma distinta de entender la maternidad: estar presente no siempre significa compartir el mismo espacio, sino conservar la disponibilidad emocional, escuchar, responder y sostener el vínculo cuando el otro lo necesita.

Esa manera de acompañar también se relaciona con la historia que Rosana está construyendo. Sus hijos conocen lo que atravesó con su salud y la ven involucrarse, informarse y participar en distintas actividades. Su apoyo representa una forma de reconocimiento hacia ese recorrido, aunque para ella también implique seguir aprendiendo a equilibrar sus propias decisiones con las necesidades de quienes más quiere.

 

El diagnóstico que cambió sus prioridades

 

En 2016, cuando tenía 41 años, Rosana recibió un diagnóstico de cáncer de mama. Hasta entonces, su vida tenía una estructura construida alrededor de su familia, su trabajo, sus actividades físicas y sus relaciones. La enfermedad irrumpió en esa organización y la obligó a enfrentarse con preguntas que, hasta ese momento, podían parecer lejanas.

Recibir un diagnóstico de esas características no significa únicamente comenzar un recorrido médico. También implica convivir con la incertidumbre, imaginar escenarios desconocidos y comprender que el cuerpo puede atravesar transformaciones que repercuten en todas las dimensiones de la vida. Para Rosana, fue una experiencia intensa, que le exigió revisar tanto sus pensamientos como la manera en que se relacionaba con sus emociones.

Al recordar aquellos primeros momentos, reconoció que al comienzo intentó alejarse de la sensación que le provocaba pensar en la posibilidad de la muerte. No se trataba solamente de una idea que aparecía en su cabeza, sino de una experiencia que sentía en el cuerpo. Comprender esa relación entre lo que pensaba, lo que sentía y lo que experimentaba físicamente fue parte de un proceso que la llevó a observarse de otra manera.

En ese recorrido encontró apoyo en mujeres que ya habían atravesado la enfermedad. Algunas eran jóvenes, otras tenían más años de experiencia, pero cada una le aportó algo distinto. Las historias de aquellas que todavía no habían sido madres y que debían enfrentar el diagnóstico en una etapa temprana de sus vidas le dieron un impulso que Rosana recuerda especialmente.

Escucharlas le permitió comprender que el cáncer de mama no afecta únicamente a una persona por su edad, por su historia familiar o por el momento de la vida en el que se encuentra. Cada diagnóstico se produce en una realidad particular y obliga a reorganizar proyectos, expectativas y prioridades. En esa diversidad de experiencias, Rosana encontró una fuerza que no provenía de minimizar lo que estaba pasando, sino de reconocer que otras personas también habían atravesado situaciones difíciles.

De las mujeres mayores, en cambio, recuerda la sabiduría de quienes le transmitían tranquilidad y le enseñaban a transitar el proceso día a día. No se trataba de tener todas las respuestas ni de anticipar cómo iba a terminar el recorrido, sino de comprender que había que avanzar paso a paso, atendiendo cada momento y aceptando que no todo podía resolverse de inmediato.

A ese acompañamiento se sumó el trabajo de profesionales de la salud que, según destacó, se comprometen con las historias de sus pacientes y buscan la mejor manera de abordar una patología compleja. Rosana entendió que el diagnóstico implicaba mucho más que una cuestión médica: también podía modificar el aspecto físico, la relación con el cuerpo, los pensamientos y la manera de establecer prioridades.

"Vas a cambiar en todo, vas a cambiar en tu aspecto físico, vas a cambiar tu cuerpo, cambiaste tu forma de pensar, cambiaste tus prioridades, te atraviesa literalmente toda la vida", expresó al describir lo que significa atravesar una experiencia semejante.

Su testimonio no busca establecer que todas las personas viven la enfermedad de la misma manera. Por el contrario, permite comprender la profundidad de un proceso que puede tener múltiples dimensiones y que necesita ser abordado desde el respeto por la historia de cada paciente. En su caso, ese recorrido fue transformándose con el tiempo y abrió la puerta a nuevas preguntas sobre el cuerpo, el movimiento y el bienestar.

 

Del judo al yoga: una nueva manera de escuchar el cuerpo

Antes del diagnóstico, la actividad física ocupaba un lugar importante en la vida de Rosana. Es profesora de judo y estaba acostumbrada a entrenar con una intensidad que formaba parte de su manera de relacionarse con el movimiento. Sin embargo, la experiencia de la enfermedad la llevó a revisar esa dinámica y a buscar otras herramientas que le permitieran abordar el cuerpo desde una perspectiva diferente.

En ese proceso se convirtió en profesora de yoga. La práctica le ofreció la posibilidad de dosificar la intensidad física, prestar atención a otras sensaciones y establecer una relación distinta con su propio cuerpo. No se trataba de abandonar el movimiento, sino de comprender que también podía existir otra manera de habitarlo y escucharlo.

Ese cambio tuvo consecuencias en su vida emocional. Rosana comenzó a reconocer otros matices en lo que sentía y a incorporar una mirada más atenta sobre las señales de su cuerpo. La experiencia la llevó a comprender que, en ocasiones, las personas se acostumbran tanto a sostener sus rutinas y responder a las necesidades de los demás que pueden dejar en segundo plano aquello que ellas mismas están atravesando.

Su propia historia le mostró la importancia de detenerse y revisar esa tendencia. Acompañar a otros puede ser una fuente de satisfacción, pero también es necesario reconocer cuándo uno necesita apoyo, descanso o un espacio para procesar lo que está viviendo. Esa comprensión se convirtió en una parte central de la mirada que hoy busca transmitir.

La relación con el cuerpo también ocupa un lugar importante en su tarea de acompañamiento. Rosana considera que las transformaciones que experimenta una persona durante el diagnóstico y el tratamiento no deben reducirse a lo que sucede en el plano médico. La dimensión corporal forma parte de la experiencia y merece ser atendida, escuchada y respetada en cada etapa.

Desde esa perspectiva, el yoga, su formación y sus aprendizajes personales se integraron en un camino que terminó conectándose con su compromiso con otras mujeres. Lo que comenzó como una necesidad de encontrar una nueva manera de relacionarse consigo misma fue adquiriendo una dimensión colectiva, a medida que comprendió que podía compartir lo aprendido y ofrecer un espacio de acompañamiento a quienes atravesaban experiencias similares.

 

Senos Presentes Conciencia: cuando la experiencia se transforma en acompañamiento

Senos Presentes Conciencia nació en 2019, después de un proceso personal que había comenzado varios años antes. Rosana explicó que no puede señalar una fecha exacta en la que todo tomó forma, porque la iniciativa fue creciendo a través de distintas etapas emocionales, conversaciones y experiencias compartidas.

El nombre original surgió de una idea que apareció mientras transitaba la enfermedad. "Se nos informa, se nos educa, se nos acompaña", recordó al explicar el sentido que buscaba transmitir. Cada una de esas palabras representaba una necesidad que había identificado durante su propio recorrido: contar con información, comprender lo que estaba pasando y encontrar personas dispuestas a acompañar sin juzgar ni minimizar las dificultades.

Con el tiempo, la iniciativa incorporó la idea de estar presentes y de vivir cada día con conciencia de los cambios que se quieren generar. Así, Senos Presentes Conciencia fue adquiriendo una identidad vinculada no solamente con la experiencia del cáncer de mama, sino también con la posibilidad de construir espacios donde las personas puedan compartir sus inquietudes y encontrar orientación.

Rosana se define como una persona inquieta, curiosa, sociable y con interés por lo que les sucede a los demás. Sin embargo, también reconoce que la enfermedad la obligó a revisar la tendencia a estar permanentemente pendiente de otras personas, incluso cuando ella misma necesitaba atención y acompañamiento.

Esa revisión fue importante para comprender desde qué lugar quería desarrollar su tarea. No buscaba simplemente llenar su tiempo con actividades ni mantener la mente ocupada para evitar pensar en lo que había atravesado. Con el tiempo, descubrió que había encontrado una forma de vincularse con los demás que tenía sentido para ella y que le permitía transformar su experiencia en una herramienta para acompañar.

"Encontré el motor de lo que me gusta hacer, encontré el motor de la relación que tengo con mi cuerpo", expresó al describir lo que representa hoy este camino.

La iniciativa busca ofrecer asesoramiento y acompañamiento a mujeres que atraviesan un diagnóstico de cáncer de mama, incluidas aquellas que necesitan orientación para afrontar las decisiones relacionadas con la reconstrucción mamaria. Pero su propuesta no se limita a brindar información sobre un procedimiento o señalar posibles alternativas: también pone el foco en la importancia de reconocer el cuerpo y comprender los cambios que pueden aparecer a lo largo del proceso.

Rosana considera que cada persona necesita encontrar una manera propia de atravesar esa experiencia. Por eso, valora especialmente el contacto directo, la posibilidad de escuchar y la construcción de un espacio en el que quien se acerca pueda sentirse acompañado. No es una tarea que, desde su mirada, deba medirse únicamente por la cantidad de publicaciones en las redes sociales o por el alcance de una campaña.

De hecho, explicó que no suele difundir todas sus actividades de manera permanente porque prefiere priorizar el vínculo cercano con las personas. Le interesa estar ahí, escuchar las necesidades que aparecen y comprender qué está buscando quien llega con una preocupación o una pregunta. Esa cercanía es una parte fundamental de la identidad que intenta construir para Senos Presentes Conciencia.

Su experiencia personal le permite reconocer la importancia de contar con otras personas durante el proceso, pero no pretende reemplazar la atención médica ni ofrecer respuestas universales. Su aporte se relaciona con el acompañamiento, la orientación y la posibilidad de conectar las necesidades de una paciente con recursos que puedan ayudarla a encontrar respuestas.

 

La salud como prioridad, más allá del diagnóstico

Uno de los mensajes centrales que Rosana busca transmitir es que la salud debe ocupar un lugar prioritario en la vida cotidiana. Sin embargo, también entiende que esa prioridad no puede analizarse sin considerar las circunstancias concretas en las que vive cada persona.

Las posibilidades de acceder a controles, consultas y tratamientos no son iguales para todos. Las condiciones económicas, la organización familiar, las distancias y las oportunidades que ofrece el sistema de salud forman parte de una realidad que puede facilitar o dificultar el recorrido de una paciente.

Desde su llegada a la cordillera, Rosana también comenzó a mirar estas cuestiones desde una perspectiva territorial. No es lo mismo atravesar una enfermedad en un lugar donde existen determinadas posibilidades de atención que hacerlo en una región donde las distancias pueden convertirse en un obstáculo adicional. La geografía, que al principio la había enamorado por sus paisajes, también le mostró la importancia de comprender las condiciones concretas en las que las personas acceden a los servicios de salud.

A esa realidad se suma el contexto social y económico de cada familia. Un diagnóstico no aparece en una vida vacía de responsabilidades: llega cuando existen hijos, trabajos, compromisos, preocupaciones y proyectos que deben seguir adelante. Por eso, acompañar a una persona también significa reconocer la complejidad de su entorno y comprender que sus necesidades no se limitan a la enfermedad.

Rosana explicó que el escenario del sistema de salud no es el mismo que encontró cuando atravesó su propio diagnóstico. Las condiciones cambian y obligan a revisar permanentemente qué herramientas existen, qué posibilidades están disponibles y cómo se puede orientar a quienes necesitan ayuda. Esa tarea requiere mantenerse informada y construir vínculos con otras personas y organizaciones.

En ese sentido, la prevención ocupa un lugar fundamental en su mirada. Para ella, informar no debería significar únicamente hablar del cáncer de mama cuando aparece un diagnóstico o cuando se desarrollan actividades especiales durante Octubre Rosa. También implica trabajar para que las personas tengan herramientas que les permitan prestar atención a su salud, conocer la importancia de los controles y organizar sus prioridades antes de encontrarse frente a una situación compleja.

La experiencia de Rosana le permitió comprender que el miedo puede convertirse en un obstáculo. El temor a recibir una mala noticia, la falta de información o las dificultades para organizar una agenda pueden hacer que algunas personas posterguen decisiones relacionadas con su salud. Pero evitar una consulta no elimina aquello que preocupa; por eso, considera importante promover una actitud de mayor conciencia y responsabilidad.

"El miedo a no controlarse es mucho menor al que viene después cuando directamente tenés que pasar todo", sostuvo al compartir una de las reflexiones más importantes que surgieron de su experiencia.

Su mensaje no pretende generar alarma, sino invitar a revisar aquellas decisiones que suelen postergarse. Los controles médicos y las consultas con profesionales son herramientas fundamentales para cuidar la salud y deben abordarse de acuerdo con las indicaciones correspondientes a cada persona. La información confiable, la prevención y el acceso oportuno a la atención pueden marcar una diferencia importante.

También recordó que el cáncer de mama no debe entenderse exclusivamente como una enfermedad de las mujeres. Aunque es mucho menos frecuente, también puede afectar a los hombres, una realidad que considera necesario visibilizar para ampliar la información y evitar que el desconocimiento se convierta en una barrera.

En definitiva, la propuesta de Senos Presentes Conciencia busca poner la salud en el centro de las decisiones cotidianas, sin perder de vista que cada historia tiene sus propias circunstancias. No se trata de exigirle a una persona que haga todo de una determinada manera, sino de acercarle información, acompañamiento y herramientas para que pueda tomar decisiones con mayor conocimiento.

 

Un encuentro en Bariloche para construir una red de acompañamiento

Entre los próximos desafíos de Senos Presentes Conciencia, Rosana destacó su participación en el primer Congreso Patagónico organizado por la red Unidos por el Cáncer, previsto para los días 28 y 29 de noviembre en Bariloche.

La iniciativa representa una oportunidad para que organizaciones de distintos puntos de la región puedan conocerse, compartir experiencias y construir vínculos que faciliten el acompañamiento a quienes atraviesan un diagnóstico de cáncer y otras patologías. Para Rosana, formar parte de ese encuentro también significa llevar al espacio regional las realidades particulares de las personas que viven en la cordillera.

Senos Presentes Conciencia todavía no cuenta con reconocimiento jurídico como organización, aunque Rosana señaló que su trabajo ya es reconocido por las actividades que desarrolla y por el acompañamiento vinculado con la reconstrucción mamaria. Su participación en el congreso se presenta, por lo tanto, como una instancia importante para fortalecer los vínculos con otras organizaciones y ampliar las posibilidades de colaboración.

Rosana se encuentra involucrada en esta tarea tanto para la provincia del Chubut como para Río Negro, con el objetivo de aportar su experiencia y representar las particularidades de la región. La posibilidad de participar en un encuentro de alcance nacional le permitirá conocer otras realidades, escuchar nuevas experiencias y establecer conexiones con personas que trabajan en el mismo campo.

La propuesta de la red parte de una idea concreta: ninguna organización tiene necesariamente todas las respuestas, pero el trabajo conjunto puede ayudar a encontrar soluciones que, de manera individual, resultarían más difíciles de alcanzar.

Rosana lo explicó a partir de una situación cotidiana. Si una persona se acerca a Senos Presentes Conciencia y necesita una solución que la iniciativa no está en condiciones de ofrecer directamente, la búsqueda puede continuar dentro de la red. De esa manera, el acompañamiento no termina cuando una organización reconoce sus propios límites, sino que puede encontrar continuidad a través del contacto con otras instituciones y grupos.

Ese trabajo conjunto también permite ampliar el conocimiento sobre los recursos disponibles, reconocer qué hace cada organización y construir una red de apoyo que no dependa exclusivamente de un único espacio. En el ámbito de la salud, donde las necesidades pueden ser diversas y las circunstancias cambian de una persona a otra, esa articulación puede convertirse en una herramienta valiosa.

Para Rosana, la difusión de estas experiencias es importante porque muchas veces las personas desconocen que existen organizaciones a las que pueden recurrir. Hacer visible el trabajo de quienes acompañan, informar sobre las posibilidades disponibles y facilitar el contacto entre pacientes y espacios de apoyo son acciones que pueden ayudar a que nadie tenga que empezar una búsqueda desde cero.

El congreso de Bariloche representa así un paso más en un camino que comenzó a partir de una experiencia personal y que hoy busca conectarse con otras iniciativas. No se trata solamente de participar de una actividad, sino de construir relaciones que permitan sostener el acompañamiento más allá de una fecha o de una campaña puntual.

 

El sueño de una fundación y un compromiso que mira hacia el futuro

Cuando se le preguntó cómo se imagina dentro de diez, quince o veinte años, Rosana respondió con una imagen que reúne buena parte de lo que viene construyendo: se ve compartiendo su historia, motivando a otras personas y disfrutando de la vida.

Su deseo es grande, aunque prefiere concentrarse en el primer paso antes que anticipar todo lo que podría ocurrir. Esa manera de mirar el futuro parece estar relacionada con uno de los aprendizajes que dejó la enfermedad: avanzar sin perder de vista el presente, reconocer las posibilidades que existen hoy y construir a partir de ellas.

Entre sus principales aspiraciones está lograr que Senos Presentes Conciencia se convierta en una fundación. No se trata solamente de darle una estructura formal a una iniciativa que nació de su experiencia, sino de fortalecer un espacio capaz de integrar personas, conocimientos y recursos para acompañar a quienes lo necesiten.

Rosana hizo especial hincapié en la importancia de trabajar en prevención. Desde su mirada, el objetivo no debería ser únicamente intervenir cuando una persona recibe un diagnóstico, sino contribuir a generar condiciones para que más personas puedan cuidar su salud, acceder a información y reconocer la importancia de los controles.

La prevención implica construir hábitos, aprender a escuchar el cuerpo y contar con información que permita tomar decisiones. También requiere acercar esos conocimientos a la comunidad de una manera comprensible, sin que la falta de información o las dificultades cotidianas terminen alejando a las personas de los cuidados que necesitan.

En ese horizonte, la posibilidad de consolidar una organización con mayor estructura podría permitirle ampliar el trabajo que ya desarrolla, integrar nuevas experiencias y fortalecer los vínculos con otras instituciones. El desafío es grande, pero Rosana parece tener claro que los proyectos de esta naturaleza no se construyen de un día para el otro: necesitan tiempo, compromiso y la participación de muchas personas.

Su historia también deja una reflexión sobre el modo en que se construye el acompañamiento. No siempre se trata de tener una respuesta inmediata ni de resolver todas las dificultades. A veces, el primer paso consiste en escuchar, ofrecer información, reconocer las necesidades de quien está atravesando una situación difícil y ayudarlo a encontrar dónde puede recibir la asistencia que necesita.

Esa forma de estar presente es la que Rosana busca sostener en su tarea cotidiana. Su experiencia le permitió conocer el valor de recibir apoyo cuando las certezas se desdibujan y las preocupaciones ocupan buena parte de los pensamientos. Hoy, desde otro lugar, intenta ofrecer algo de aquello que encontró en las mujeres que la acompañaron y en los profesionales que supieron comprometerse con su historia.

 

Una historia que todavía se está escribiendo

Rosana continúa en seguimiento médico y explicó que todavía no ha cumplido diez años desde su diagnóstico. Por eso, los controles siguen siendo una parte importante de su vida y de su manera de comprender el cuidado de la salud. No presenta su recorrido como una historia cerrada, sino como una experiencia que continúa y que la mantiene conectada con aquello que considera fundamental.

Con el paso del tiempo, reconoce que algunos miedos fueron perdiendo fuerza y que aprendió a convivir de otra manera con las preocupaciones. Esa transformación no significa olvidar lo sucedido ni negar las dificultades, sino encontrar herramientas para seguir adelante sin permitir que el temor determine cada decisión.

Su presente en El Maitén reúne todos esos aprendizajes. Allí construye una vida diferente de la que tenía en Buenos Aires, aprende a convivir con las distancias, sostiene el vínculo con sus hijos y desarrolla una iniciativa que nació de una experiencia profundamente personal. Cada uno de esos aspectos forma parte de una misma historia, atravesada por la necesidad de adaptarse, encontrar equilibrio y descubrir nuevas formas de estar cerca de los demás.

La distancia de sus hijos le enseñó que el acompañamiento puede sostenerse incluso cuando no existe cercanía física. El diagnóstico de cáncer de mama le mostró la importancia de escuchar el cuerpo y revisar las prioridades. Las mujeres que la acompañaron le permitieron reconocer el valor de compartir experiencias y encontrar fuerzas en quienes ya habían transitado caminos similares.

Hoy, Senos Presentes Conciencia representa una manera de reunir esos aprendizajes y ponerlos al servicio de otras personas. No como una respuesta definitiva a todas las dificultades, sino como un espacio desde el cual ofrecer orientación, construir vínculos y ayudar a que quienes reciben un diagnóstico puedan encontrar información y acompañamiento.

En el marco de Octubre Rosa, su testimonio adquiere un significado especial porque recuerda que detrás de cada campaña de prevención existen historias reales, familias que se reorganizan, cuerpos que atraviesan transformaciones y personas que necesitan ser escuchadas. La concientización no termina cuando finaliza el mes: continúa en las consultas, en los controles, en las conversaciones y en las decisiones cotidianas que cada persona toma respecto de su salud.

Rosana quiere que su historia pueda servir para motivar a otros, pero también tiene claro que el camino no termina en su propia experiencia. Su sueño es que Senos Presentes Conciencia crezca, se integre con otras organizaciones y encuentre nuevas maneras de trabajar en prevención. Mientras tanto, sigue dando los pasos que tiene a su alcance, construyendo desde la cordillera un espacio que busca acompañar sin perder de vista la singularidad de cada historia.

Tal vez una de las enseñanzas más profundas de su recorrido sea que transformar una experiencia dolorosa no significa encontrarle una explicación definitiva, sino descubrir qué hacer con aquello que nos tocó vivir. Rosana encontró en el acompañamiento una manera de continuar, de compartir lo aprendido y de convertir una etapa difícil en una oportunidad para ayudar a otras personas.

Su historia no se reduce al diagnóstico que recibió en 2016 ni a las dificultades que enfrenta en su vida cotidiana. También está hecha de decisiones, aprendizajes, vínculos y proyectos que siguen creciendo. Está hecha de una madre que aprende a acompañar a la distancia, de una mujer que tuvo que volver a escuchar su cuerpo y de una persona que encontró en el encuentro con los demás un motor para seguir adelante.

Desde El Maitén, con la cordillera como escenario y una historia que todavía se está escribiendo, Rosana Naccaro sostiene una convicción que atraviesa todo su trabajo: la información, la prevención y el acompañamiento pueden marcar una diferencia en la manera de transitar una enfermedad. Y aunque cada experiencia es única, nadie debería tener que enfrentar sus preguntas y sus miedos sin saber que existen otras personas dispuestas a escuchar, orientar y caminar a su lado.

Porque estar presentes no siempre significa tener todas las respuestas. A veces significa quedarse, escuchar, compartir lo aprendido y ayudar a encontrar el próximo paso. Esa es la tarea que Rosana eligió impulsar a través de Senos Presentes Conciencia: una iniciativa nacida de su propia historia, pero con la mirada puesta en todas aquellas personas que todavía necesitan información, apoyo y la posibilidad de transitar su camino sintiéndose acompañadas.