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29 de Mayo de 2026

Estudiar lejos de casa: experiencias, desafíos y aprendizajes que marcan una vida

Historias de adaptación, desafíos, cambios de carrera, trabajo y crecimiento personal fueron protagonistas de una charla destinada a estudiantes de sexto año. La actividad buscó acercar a los jóvenes una mirada real sobre lo que implica continuar los estudios superiores fuera de la ciudad.

Por Redacción

Viernes, 29 de mayo de 2026 a las 18:43

Este viernes se desarrolló en el SUM del Colegio Salesiano de Esquel la charla "Más allá de la carrera: la experiencia de vivir y estudiar afuera", una propuesta impulsada por el Escribano Rafael De Bernardi junto al equipo directivo y docente de la institución, destinada a estudiantes de sexto año que en poco tiempo deberán comenzar a definir su futuro académico y laboral.

La actividad contó con la participación de profesionales de distintas disciplinas que compartieron no sólo sus trayectorias universitarias, sino también las vivencias personales que implica dejar la Patagonia para instalarse en ciudades mucho más grandes como La Plata, Buenos Aires, Córdoba e incluso España.

La profesora Natalia Albarracini, responsable de la materia de Orientación Vocacional, coordinó la actividad desde la institución junto al equipo directivo y docente. La Dra. Susana Rizzuto, docente de la Universidad Nacional de la Patagonia San Juan Bosco, tuvo a su cargo la moderación de la charla y también compartió sus propias experiencias como estudiante y docente universitaria.

De Epuyén a La Plata con el básquet como compañero

La geóloga Agustina Reato recordó el impacto que significó pasar de vivir en Epuyén, una pequeña localidad cordillerana, a instalarse en una gran ciudad universitaria como La Plata.

"Cuando llegué me sentí como en casa, dije: quiero estudiar acá", relató al describir la dinámica estudiantil de la ciudad bonaerense. También destacó que poder continuar practicando básquet fue fundamental para su adaptación y para construir vínculos durante los primeros años lejos de su familia.

Cambiar de rumbo también es parte del camino

Por su parte, el escribano Rafael De Bernardi contó que inicialmente estudió Técnico Mecánica en la Universidad Tecnológica Nacional. Una vez recibido, replanteó sus objetivos profesionales y decidió estudiar Abogacía para luego completar la carrera de Escribano.

Durante su exposición explicó las diferencias entre la universidad pública y privada, señalando que ambas poseen ventajas y desafíos. Destacó especialmente que las instituciones privadas suelen ofrecer una dinámica más parecida a la del secundario, algo que facilita la formación de grupos de estudio y amistades.

"Cuando uno llega a una ciudad enorme y muchas veces está solo, poder generar rápidamente vínculos es muy importante", señaló.

Las crisis que atraviesan casi todos los estudiantes

El contador Diego Colabelli compartió una historia marcada por experiencias internacionales. A los 15 años viajó a Italia y, al regresar al país, debió rendir libre parte de sus estudios secundarios.

Reconoció que tampoco tenía claro qué quería estudiar y terminó eligiendo la carrera de Contador Público en Mar del Plata. Años después llegó a ocupar un importante cargo como jefe de liquidación de impuestos en Carrefour, aunque finalmente decidió regresar a la cordillera para ejercer su profesión en Esquel.

Uno de los conceptos que más resonó entre los estudiantes fue su referencia a las crisis que suelen atravesar quienes estudian lejos de casa.

"Todos pasan por la crisis del primer año, cuando se preguntan si no sería mejor volver a Esquel. Y después llega la crisis del tercer año, cuando sienten que la carrera no termina más. Pero todo eso se supera", aseguró.

No tener claro qué estudiar también es normal

La profesora Florencia Fleitas, egresada del Salesiano en 2011, contó que al terminar la secundaria tampoco sabía qué camino elegir.

Se instaló en La Plata, una ciudad que definió como "super estudiantil", y allí obtuvo el título de Licenciada en Diseño Gráfico. Durante sus años de estudiante trabajó como niñera para sostenerse económicamente.

Más adelante decidió estudiar Educación Especial y actualmente desarrolla ambas profesiones. Su mensaje hacia los estudiantes fue claro: cambiar de carrera no debe verse como un fracaso, si cambian no se arrepientan porque también es parte del aprendizaje", sostuvo.

Estudiar en otro país

Una de las experiencias más particulares fue la del Licenciado en Seguridad Informática Marco Pittaro, quien emigró a España para estudiar.

Recordó que los primeros tiempos fueron difíciles debido a problemas de adaptación, situaciones de discriminación hacia extranjeros y la irrupción de la pandemia. Sin embargo, destacó que trabajar, aprender inglés y ampliar sus círculos sociales le permitió integrarse mejor.

También reconoció que una de las cosas que más extrañaba era el paisaje cordillerano.

Tras regresar al país continuó su formación a través de la Universidad Siglo XXI, modalidad que valoró por su flexibilidad, aunque advirtió que requiere una gran disciplina personal.

Compartir pensiones, trabajar y empezar desde abajo

La médica veterinaria Celeste Krap relató su experiencia en la Universidad Nacional de Río Cuarto, en Córdoba.

Contó que inicialmente vivió con una compañera que abandonó la experiencia a los pocos meses, situación que la obligó a mudarse a una pensión donde convivía con taxistas, camioneros y trabajadores temporarios.

Con el tiempo logró alquilar un departamento propio. Durante tercer año comenzó a trabajar por una remuneración muy baja, aunque eso le permitió ganar experiencia y sostenerse económicamente.

Entre sus recuerdos destacó la satisfacción de poder vivir junto a su perro y su gato mientras estudiaba. La pandemia terminó modificando sus planes y la llevó a permanecer más tiempo en Córdoba, aunque actualmente continúa capacitándose a distancia.

De un ingreso fallido a trabajar para Alemania desde Trevelin

El programador Agustín Castiarena, egresado de la Escuela 713, también reconoció que al terminar la secundaria no tenía definido su futuro.

"Me gustaban las computadoras, pero no sabía bien qué hacer", recordó.

Intentó inicialmente una carrera universitaria en Buenos Aires, donde tenía familiares, pero no logró superar el curso de ingreso. Lejos de abandonar, continuó formándose en programación y hoy trabaja de manera remota para una empresa alemana desde Trevelin.

Su experiencia permitió mostrar a los estudiantes las nuevas oportunidades laborales que ofrece el trabajo remoto y las carreras vinculadas a la tecnología.

Las dudas de quienes están por dar el salto

Durante la charla los estudiantes participaron activamente formulando preguntas sobre aspectos concretos de la vida universitaria.

Las inquietudes incluyeron desde la duración de algunos exámenes —que pueden extenderse entre tres y cinco horas— hasta la realidad de cursar en aulas multitudinarias de universidades como la UBA, donde muchas veces incluso faltan lugares para sentarse.

También preguntaron sobre la necesidad de aprender habilidades cotidianas como cocinar, limpiar y administrar gastos, la elección de cátedras dentro de cada carrera, la existencia de actividades deportivas y extracurriculares para mantener hábitos similares a los que tienen en la cordillera y las posibilidades de inserción laboral.

Ante esta última preocupación, De Bernardi transmitió un mensaje de tranquilidad: "El mercado laboral siempre lo van a encontrar. Lo importante es tener perseverancia y fuerza de voluntad".

Un mensaje común: vale la pena

Más allá de las diferencias entre carreras, ciudades y experiencias personales, hubo una conclusión que se repitió entre todos los expositores.

"La universidad es la mejor etapa".

Con historias de éxitos, dificultades, cambios de rumbo y desafíos superados, los profesionales buscaron transmitir a los futuros egresados que el camino universitario no está exento de obstáculos, pero que representa una experiencia de crecimiento personal única.

La iniciativa tuvo una excelente recepción entre los estudiantes y sus organizadores ya proyectan replicarla en otras instituciones educativas de la región, transformándola en un espacio permanente de intercambio entre jóvenes y profesionales que alguna vez también debieron tomar la decisión de dejar la cordillera para perseguir sus sueños.