En medio de un clima social cada vez más tenso, el gobierno provincial encabezado por Ignacio Torres atraviesa uno de sus momentos más complejos desde que asumió. La combinación de conflictos en áreas sensibles, deterioro del poder adquisitivo y cuestionamientos a las prioridades del gasto público empieza a configurar un escenario político desafiante.
En ese contexto, el peronismo chubutense —históricamente fragmentado— muestra señales de reordenamiento interno y ya proyecta una estrategia común de cara a las elecciones de 2027. Con ese proceso en marcha, todas las miradas se posan sobre la figura del diputado nacional Juan Pablo Luque, quien comienza a consolidarse como uno de los principales referentes de ese espacio.
Puertas adentro del oficialismo, su crecimiento no pasa desapercibido. Según coinciden distintas fuentes políticas, en la denominada “mesa chica” del gobernador crece la preocupación por la instalación progresiva de Luque en la agenda pública y su capacidad para capitalizar el descontento social.
El malestar, en efecto, tiene múltiples expresiones. En el ámbito educativo, los conflictos por concursos docentes, demoras administrativas y problemas estructurales en escuelas de distintas localidades mantienen en alerta a la comunidad educativa. A esto se suman dificultades edilicias y falencias en servicios básicos que, en algunos casos, afectan directamente el normal dictado de clases.
En salud, el panorama tampoco ofrece alivio. Persisten reclamos por falta de insumos, demoras en la atención y condiciones laborales que generan desgaste en el personal sanitario. La situación impacta especialmente en el interior provincial, donde las limitaciones estructurales se vuelven más visibles.
Pero quizás uno de los factores más sensibles es el económico. Los salarios estatales continúan perdiendo frente a la inflación, lo que repercute directamente en el consumo y en la vida cotidiana de miles de familias. El pago fuera de término o la incertidumbre en las fechas de cobro profundizan un clima de incertidumbre que ya se instaló en amplios sectores de la población.
A este escenario se suma un creciente cuestionamiento social respecto del uso de los recursos públicos. Distintos sectores advierten sobre un incremento en el gasto en publicidad oficial, en contraste con la percepción de escasez de fondos para atender necesidades urgentes. La comparación, cada vez más frecuente en el discurso ciudadano, alimenta el desgaste político del gobierno.
Con este telón de fondo, el mapa político comienza a reconfigurarse. Mientras el oficialismo busca sostener la gestión en un contexto adverso, la oposición intenta capitalizar el momento. El peronismo, con señales de mayor cohesión, aparece hoy mejor posicionado para disputar el electorado, en un escenario donde también se proyecta la presencia de La Libertad Avanza como otro actor competitivo.
A más de un año del próximo turno electoral, el escenario aún está abierto. Pero lo que empieza a quedar claro es que la crisis de gestión no solo impacta en lo inmediato: también comienza a moldear el tablero político hacia 2027.