El Refugio Sur SA, una empresa agropecuaria familiar, logró transformar más de 1.000 hectáreas de terreno desértico en la meseta de Guardia Mitre, en Río Negro, en un próspero desarrollo agrícola bajo riego, que combina tecnología avanzada y construcción de suelos.
La iniciativa comenzó en 2014 a partir de un aviso clasificado que Luis Fernando Defferrari, fundador de la empresa, encontró y que despertó el interés por llevar agua a una zona árida de la Patagonia. A pesar de que el campo inicialmente anunciado no pudo ser adquirido por costos, la búsqueda continuó hasta que en 2015 compraron el establecimiento Cuatro Chañares, un campo de monte virgen sin acceso a agua.
“Mirábamos los mapas y los estudios nos decían que se podía hacer. Pero yo veía la barda y decía: ‘Esto es imposible, no se puede traer agua hasta acá’. Parecía un sueño”, confesó Defferrari. Sin embargo, ese desafío se convirtió en oportunidad, y con un sistema hidráulico complejo lograron llevar agua desde el río Negro hasta la meseta.
El sistema hídrico comienza con dos bombas de alto caudal que llevan el agua a un canal principal. Luego, una estación de rebombeo con cinco bombas eleva el agua para continuar por otros canales y estaciones que alimentan diez pivotes de riego distribuidos entre Cuatro Chañares y La Medialuna, otro campo cercano. En total, operan simultáneamente 16 bombas y motores en una infraestructura de 5 kilómetros de canales.
El proyecto no solo abarca agricultura, sino también horticultura y ganadería. Actualmente, cultivan soja, trigo, maíz, cebada, garbanzos, maíz pisingallo, cebollas, papas, alfalfa y verdeos de invierno, además de mantener un sistema ganadero con unas 900 vacas madres y ciclo completo. El sistema de ganadería se nutre de los cultivos bajo riego, con índices reproductivos destacados: 93% de preñez y 85% de destete.
La producción agrícola muestra resultados sobresalientes, con rindes de 13.000 a 15.000 kilos de maíz por hectárea y hasta 8.000 kilos de trigo en los lotes más desarrollados. En horticultura, las papas alcanzan rendimientos de hasta 70.000 kilos por hectárea, con posibilidad de llegar a 100 toneladas bajo tecnologías más intensivas.
Una clave del éxito ha sido la mejora del suelo, que originalmente era arenoso, pobre en materia orgánica y con escasa actividad biológica. El equipo combina riego, fertilización, siembra directa y una rotación de cultivos diseñada para construir fertilidad y mejorar la estructura del suelo. “Las gramíneas empiezan a construir suelo. Las raíces generan canalículos, mejoran la infiltración y permiten que el agua penetre cada vez mejor”, explicó el ingeniero agrónomo Guillermo Pailhé.
La interacción entre agricultura y ganadería es permanente: los animales pastorean dentro de los pivotes y aportan nutrientes al suelo con sus deyecciones, acelerando la acumulación de materia orgánica y mejorando la calidad del perfil del suelo. Además, las condiciones naturales son favorables, con abundante agua de calidad, alta radiación solar y buena sanidad ambiental.
El proyecto continúa en expansión con nuevas inversiones, incluyendo la instalación de un nuevo pivote y la expectativa de obras eléctricas que incrementen la disponibilidad energética en Guardia Mitre para ampliar la superficie bajo riego. “Este proyecto es sólido, es rentable y esta situación se va a modificar”, afirmó Defferrari, en referencia al contexto actual de costos elevados y precios bajos.
De esta manera, lo que empezó como una inquietud nacida de un aviso en un diario hoy es un ejemplo de innovación y desarrollo agropecuario en la Patagonia, donde la combinación de tecnología, manejo de suelos y gestión hidráulica permitió convertir un desierto en un campo productivo con alto potencial de crecimiento.