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14 de Febrero de 2026

Ellas también enfrentan el fuego: la historia de Priscila y las brigadistas de incendios forestales

En un mundo donde el calor del fuego suele asociarse con un trabajo masculino, cada vez más mujeres como Priscila López, brigadista del SPLIF, se ponen el casco, agarran la herramienta y enfrentan incendios forestales. Hoy, su lucha trasciende fronteras y pone en el centro un rol muchas veces invisibilizado: el de la mujer combatiente del fuego.

Sabado, 14 de febrero de 2026 a las 09:31

“Hola, mi nombre es Priscila López, soy combatiente de incendios forestales de la Comarca…”

Esas palabras, compartidas en redes sociales por la joven brigadista del Servicio Provincial de Lucha contra Incendios Forestales (SPLIF) de El Bolsón, desataron una corriente de apoyo y solidaridad, pero también encendieron una conversación necesaria: ¿Cuál es el lugar real de las mujeres en el combate del fuego?

Priscila no está sola. Su historia representa a cientos de mujeres que, cada temporada, se levantan antes del alba, cargan mochilas pesadas, apagan brasas incandescentes y caminan kilómetros entre humo y cenizas; sin embargo, muchas veces sus nombres no aparecen en la primera plana, ni siquiera en el relato más emotivo sobre incendios forestales.

Hoy, Priscila fue seleccionada para participar en un evento internacional de formación en manejo del fuego – WTREX QUIJOTA 2026, que se realizará en Castilla-La Mancha, España. Esta convocatoria no es un simple viaje: es el reconocimiento a una trayectoria, al compromiso de una mujer que, ante la adversidad, elige aprender más, aportar más y enseñar a otras.

Pero el obstáculo económico – para costear pasajes, estadía y materiales – puso sobre la mesa otra realidad difícil: aunque hay reconocimiento simbólico, no siempre hay apoyo estructural. Así, Priscila recurrió a sus redes, a su comunidad y a quienes comparten sus sueños para buscar donaciones, rifas y apoyo.

 

Una presencia que crece entre el humo

Durante décadas, la lucha contra incendios forestales fue vista como territorio casi exclusivo de hombres. El peso físico de las herramientas, la dureza de los terrenos, las jornadas interminables: todo parecía excusar a las mujeres de estar en la primera línea. Sin embargo, esa narrativa empieza a resquebrajarse.

Mientras unos pocos recuerdan a pioneras como Marguerite “Muts” Ruttenberg, la primera mujer en integrarse formalmente a brigadas en los Estados Unidos en la década del 70, muchas olvidan que la presencia femenina se ha mantenido constante, aunque muchas veces invisible, en casi todos los rincones del mundo.

En la Patagonia argentina, y en particular en la comarca del Bolsón, Lago Puelo y El Hoyo, las temporadas de incendios forestales son un desafío recurrente. Años atrás, grandes frentes arrasaron superficies extensas afectando bosques nativos, viviendas y la vida de cientos de familias. Fue en esos momentos de crisis que la participación de mujeres se volvió indispensable.

Brigadistas, auxiliares, logísticas, cocineras de campo, coordinadoras de base: mujeres en todos los roles posibles, desde la dirección táctica hasta el apoyo moral en campamentos improvisados. Lo esencial: están ahí.

 

Más allá de la fuerza física

Combatir incendios forestales exige resistencia, estrategia, técnica y temple. En ese sentido, las mujeres han demostrado no solo estar a la altura, sino aportar características valiosas que, en muchos casos, marcan la diferencia.

Trabajo en equipo y comunicación: En contextos extremos, la claridad para transmitir órdenes y contenidos técnicos salva vidas. Muchas mujeres han sido destacadas por su capacidad para establecer protocolos de comunicación que evitan confusiones en momentos críticos.

Gestión emocional: El fuego es impredecible, la situación cambia en segundos y el estrés es constante. La sensibilidad para monitorear el estado anímico del equipo y ofrecer contención es una cualidad que muchas combatientes han sabido equilibrar con la toma de decisiones firmes.

Liderazgo colaborativo: En terrenos complejos, una estrategia rígida puede fracasar. Mujeres líderes han promovido modelos de conducción más flexible, capaces de adaptarse rápidamente a cambios de viento, reacciones del fuego o necesidades de nuevos recursos.

Estas capacidades no son exclusivas de ningún género, pero sí han sido históricamente subvaloradas en ámbitos tradicionalmente dominados por hombres. El resultado: mujeres que no solo cargan mochilas, sino que también gestionan recursos, planifican líneas de defensa y coordinan acciones complejas.

 

Un llamado internacional: WTREX QUIJOTA 2026

Ser seleccionada para el WTREX QUIJOTA 2026 no es un logro menor. Este evento internacional reúne a brigadistas de todo el mundo para intercambiar técnicas de manejo del fuego, aprendizajes prácticos y nuevas tecnologías aplicadas al combate de incendios forestales.

Para Priscila, significa:

Capacitarse con expertas y expertos de diversas latitudes

Abrir puertas para futuras colaboraciones regionales

Volver con nuevas herramientas para aplicar en la Patagonia

Pero también significa algo más profundo: romper barreras, demostrar que las mujeres no son auxiliares en la lucha contra el fuego, sino protagonistas activas del cambio.

 

Historias que inspiran

En encuentros previos organizados por grupos de mujeres brigadistas en la Patagonia, muchas compartieron historias similares: la primera vez que entraron a un incendio, la sensación de vértigo ante la magnitud del fuego, las noches durmiendo en una carpa con lluvia y frío, y siempre, la certeza de que cada metro que se defiende es la esperanza de una familia que no pierde su hogar.

Algunas recuerdan haber sido subestimadas al principio. Otras cuentan cómo, con el tiempo, el respeto creció al demostrar su dedicación, su eficiencia y su capacidad para tomar decisiones en condiciones extremas.

"El fuego no distingue género", dice una veterana brigadista. “Nos pone a todos en la misma línea, con el corazón latiendo fuerte y la certeza de que, si no trabajamos juntas y juntos, nadie sale adelante.”

 

La comunidad responde

Desde que Priscila lanzó su mensaje pidiendo apoyo para viajar a España, la respuesta fue inmediata. Vecinos, comerciantes, artesanos y organizaciones locales comenzaron a ofrecer productos, rifas y donaciones para colaborar con su causa. No es solo un gesto hacia una joven brigadista: es reconocimiento colectivo a todas las mujeres que enfrentan el fuego cada temporada.

Ese respaldo no solo ayuda económicamente, sino que también refuerza un mensaje social poderoso: las mujeres importan en la primera línea del combate forestal.

 

Un futuro donde el fuego une, no divide

Mientras Priscila se prepara para su viaje internacional, su historia se convierte en símbolo de una transformación más amplia. Cada vez son más las mujeres que se forman, integran brigadas, lideran equipos y transmiten conocimientos a las nuevas generaciones.

En la lucha contra incendios forestales — un desafío que se intensifica con el cambio climático y la expansión de las temporadas de riesgo — la diversidad de miradas, fuerzas y experiencias es un activo indispensable.

Porque el fuego no espera.