El impacto de la crisis económica ya no se mide únicamente por el cierre de comercios, la caída del consumo o la pérdida del poder adquisitivo. En Esquel comienza a manifestarse también en una imagen que hasta hace poco resultaba poco habitual: bolsas de residuos rotas o abiertas luego de que personas revisaran los contenedores y cestos en busca de alimentos, ropa, cartón, envases u otros elementos que puedan reutilizarse o venderse.
El fenómeno, que durante años fue asociado a grandes centros urbanos como Buenos Aires, Rosario o Córdoba, empezó a hacerse visible también en la ciudad cordillerana. Comerciantes y vecinos aseguran que la situación se observa con mayor frecuencia en las primeras horas de la mañana, cuando aparecen residuos desparramados en veredas y calles de la ciudad..
Detrás de esas bolsas abiertas hay realidades muy diferentes. En algunos casos, quienes buscan alimentos intentan resolver una necesidad inmediata. En otros, se trata de personas que recolectan materiales reciclables para obtener algún ingreso extra en un contexto donde cada vez resulta más difícil llegar a fin de mes.
Más allá del problema que genera para la limpieza urbana y el trabajo adicional que demanda la limpieza, la imagen expone un deterioro social que preocupa. La presencia de residuos esparcidos suele ser la consecuencia visible de una problemática mucho más profunda: el crecimiento de la pobreza y la vulnerabilidad económica.
La situación plantea además un desafío para el Estado y para la comunidad. Mientras los indicadores económicos siguen afectando el bolsillo de las familias, comienzan a aparecer en Esquel postales que hasta hace pocos años parecían ajenas a la realidad de la ciudad.
La apertura de bolsas de basura no es solamente un problema de higiene urbana. Es, sobre todo, un síntoma de una crisis que dejó de ser una estadística para transformarse en una escena cotidiana, incluso en una ciudad que históricamente se caracterizó por una realidad social muy distinta.