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19 de Febrero de 2026

Brigadistas Nacionales en Lucha: “La pala y el silencio”, el reclamo que arde más allá del fuego

En un fuerte documento titulado “La Pala y el Silencio”, brigadistas de los Departamentos de Incendios, Comunicaciones y Emergencias de Parques Nacionales denuncian salarios insuficientes, falta de reconocimiento y escasa inversión estructural, y advierten que recortar estos sistemas es debilitar la capacidad del Estado para enfrentar incendios y proteger el patrimonio natural argentino.

Por Redacción

Jueves, 19 de febrero de 2026 a las 16:20

En un extenso y contundente documento titulado “La Pala y el Silencio”, la agrupación Brigadistas Nacionales en Lucha, junto a ATE Parques Coordinación Nacional, volvió a poner en agenda una discusión que cada verano se enciende con los incendios forestales y se apaga cuando las llamas se extinguen: las condiciones laborales y el reconocimiento a quienes integran los Departamentos de Incendios, Comunicaciones y Emergencias (ICE) de los Parques Nacionales.

El texto, fechado en febrero de 2026 en el Parque Nacional Lanín, no es solo una denuncia gremial. Es también una defensa del sistema construido durante décadas por los propios trabajadores y una advertencia sobre lo que está en riesgo si ese entramado humano y técnico se sigue desvalorizando.

Los Departamentos de Incendios, Comunicaciones y Emergencias (ICE) son estructuras críticas dentro de la Administración de Parques Nacionales. Funcionan las 24 horas, los 365 días del año, detectando focos ígneos, coordinando evacuaciones, guiando rescates y sosteniendo redes de comunicación en territorios donde el Estado muchas veces tiene presencia limitada.

El caso del Parque Nacional Lanín, mencionado en la publicación, es paradigmático: más de 411.000 hectáreas de bosques andino-patagónicos, volcanes, humedales y comunidades rurales e indígenas dependen de un sistema que fue desarrollado durante décadas por los propios trabajadores, muchas veces con soluciones técnicas propias ante la falta de infraestructura adecuada.

“Lo que la naturaleza tardó miles de años en construir, arde en días. Lo que nosotros tardamos treinta años en construir, parece no valer nada”, sintetiza el documento.


Una vocación que no se mide en planillas

El texto subraya que nadie llega a un ICE buscando comodidad. No existe una carrera universitaria que prepare completamente para enfrentar incendios en bosques milenarios con viento en contra y fuego avanzando. La convicción —dicen— es el verdadero sostén del sistema, no el presupuesto ni el reconocimiento.

Los brigadistas remarcan que el ciclo se repite cada temporada:

  • El fuego avanza.

  • Las imágenes circulan en redes.

  • Funcionarios prometen recursos.

  • El incendio se apaga.

  • La urgencia política se enfría con el invierno.

Y las condiciones estructurales quedan prácticamente iguales.


Salarios, carrera y reconocimiento

Entre los principales reclamos se destacan:

  • Salarios que reflejen la peligrosidad y especialización del trabajo.

  • Equipamiento adecuado y renovación sostenida.

  • Una carrera técnica clara que valore la experiencia real en campo.

  • Participación de los trabajadores en las decisiones que afectan al sistema.

“Treinta años de experiencia en campo valen lo mismo que dos en papel. Eso no es un error del sistema. Es una decisión”, advierte el texto, en uno de sus pasajes más críticos.


Más allá de los gobiernos

Uno de los puntos más fuertes del documento es que el reclamo no apunta a un signo político en particular. Los brigadistas señalan que sus demandas atraviesan gobiernos de distintas ideologías y que el problema no es la falta de herramientas, sino la baja prioridad política que reciben estos sistemas.

Argumentan que, aunque representan una pequeña porción del presupuesto nacional, su rol es estratégico: previenen pérdidas ambientales, económicas y humanas que superan ampliamente cualquier inversión razonable en prevención.


El valor invisible del conocimiento territorial

Los brigadistas destacan que el sistema funciona —y muchas veces lo hace a pesar de las condiciones— gracias al capital humano acumulado durante décadas: conocimiento del territorio, patrones de viento, rutas de acceso, funcionamiento de redes de radio en zonas remotas.

Advierten que ese saber no puede reemplazarse con cursos acelerados ni con decisiones tomadas desde escritorios lejanos al terreno.


“Seguimos, pero no en silencio”

El cierre del documento combina compromiso y advertencia. Los trabajadores afirman que continuarán sosteniendo el sistema “con la pala y con la radio”, porque creen en la tarea y en las generaciones que vienen. Pero también remarcan que la dignidad laboral no debería depender únicamente de la resistencia individual.

“Que cuando el fuego apague su foto en las redes, el compromiso no se apague con él”, reclaman.

El mensaje final está dirigido a quienes tienen poder de decisión: recortar un puesto en un ICE, sostienen, no es ajustar un número en una planilla, sino debilitar una red de protección que cubre cientos de kilómetros y que será necesaria, inevitablemente, ante el próximo incendio.

El documento cierra con una frase que resume el espíritu del reclamo:

“Estamos esperando que eso ocurra.
Y lo seguiremos diciendo, aunque solo dure un scroll.”