En medio de una ciudad donde el consumo cae, el trabajo escasea y cada peso cuenta, algunos taxis y remises de Esquel encontraron una alternativa simple para intentar sobrevivir: hacer promociones y cobrar menos algunos viajes para no quedarse toda la noche esperando una llamada.
Sin embargo, la iniciativa no cayó bien en ciertos sectores políticos y oficiales. Según expresó Rubén Álvarez, presidente del Concejo Deliberante de Esquel, la práctica sería “ilegal” y se avanzaría con comunicaciones formales a los trabajadores del volante que reduzcan tarifas para captar pasajeros.
La escena no deja de llamar la atención: en una Argentina donde los supermercados liquidan productos, los comercios hacen descuentos desesperados y hasta las grandes cadenas ofrecen promociones permanentes para sostener ventas, en Esquel parecería que bajar precios se convirtió en un problema institucional.
“Cuando se apaga el reloj se está evadiendo”, señaló Álvarez durante una entrevista en FM Del Lago, en referencia a los viajes pactados por fuera del sistema tradicional de taxímetro. El planteo generó rápidamente repercusiones y críticas en redes sociales, donde muchos vecinos se preguntan si realmente el problema más urgente de la ciudad es que un remis cobre menos para poder trabajar.
Choferes consultados aseguran que la situación del sector es crítica. La caída del movimiento, el aumento del combustible, los costos de mantenimiento y la pérdida del poder adquisitivo golpean fuerte a taxis y remises. “Hay noches enteras donde no sale un viaje”, comentan. Frente a eso, algunos comenzaron a ofrecer precios promocionales para recorridos habituales o traslados nocturnos.
Pero lejos de interpretarse como una señal de la crisis económica que atraviesa la ciudad, desde algunos despachos parece haberse encendido la alarma por el “peligro” de que alguien cobre más barato.
En redes sociales no faltaron las ironías: “En Esquel capaz terminan prohibiendo las ofertas en las panaderías”, escribió un usuario. Otro comentó: “Parece que competir está permitido, pero no demasiado”.
Mientras tanto, la discusión abrió un debate incómodo: qué debe hacer un trabajador cuando la tarifa oficial ya no le garantiza clientes ni ingresos suficientes. Y sobre todo, si en tiempos donde muchos apenas llegan a fin de mes, perseguir descuentos termina siendo una prioridad política o una desconexión absoluta con la realidad cotidiana.