Elon Musk se posicionó como el primer trillonario de la historia, medida según la nomenclatura anglosajona que equivale a un billón en español, tras la salida a bolsa de SpaceX en Nueva York bajo el ticker SPCX.
El debut bursátil de SpaceX fue un éxito rotundo: sus acciones comenzaron con un precio inicial de 135 dólares y, ante una demanda masiva tanto de inversores institucionales como minoristas, se vendieron 555,6 millones de títulos en la primera jornada.
Este fenómeno catapultó la valuación total de SpaceX a 1,96 billones de dólares, lo que elevó la fortuna personal de Musk a 1,1 billones de dólares, considerando que posee cerca del 42% de las acciones de la empresa, además de sus participaciones en Tesla y la red social X.
La oferta pública inicial de SpaceX no solo fue exitosa en cifras, sino que también estableció un nuevo récord financiero, superando ampliamente la marca anterior de Saudi Aramco de 2019, al recaudar 75.000 millones de dólares en un solo día.
Los expertos de Wall Street atribuyen este fenómeno a dos factores regulatorios excepcionales. Primero, la integración en una sola oferta del negocio de cohetes reutilizables, la red satelital Starlink y la infraestructura de inteligencia artificial xAI, posicionó a SpaceX entre las diez empresas más valiosas del mundo, lo que obligó a fondos de inversión y de pensión a comprar acciones masivamente para replicar sus carteras de referencia.
En segundo lugar, SpaceX contó con una flexibilización histórica del período de veda (lock-up), permitiendo que empleados y directivos vendieran acciones desde el primer día. Esto convirtió a miles de ingenieros y técnicos en millonarios en términos de valor en papel.
Respecto al destino de esta capitalización récord, Elon Musk aclaró desde la base espacial Starbase en Texas que el objetivo no es solo financiero, sino operativo. SpaceX invierte miles de millones de dólares anualmente en investigación y desarrollo, y estos fondos permitirán avanzar en proyectos de escala extraplanetaria.