La última encuesta de imagen de gobernadores correspondiente a febrero de 2026 muestra movimientos significativos en el ranking nacional y deja un dato político fuerte en la Patagonia: el brusco descenso de Ignacio Torres, quien supo ocupar el segundo lugar y hoy aparece relegado varios escalones más abajo.
Si bien el gobernador de Chubut aún conserva un núcleo de imagen positiva, la tendencia es clara y negativa. La caída no parece circunstancial: responde a un desgaste en la gestión que empieza a impactar de lleno en la opinión pública. En los últimos meses se acumularon anuncios que no se concretaron, promesas de obras y decisiones que quedaron en el camino, y una sensación creciente de falta de resultados concretos.
A este escenario se suma un factor clave: el muy mal momento económico que atraviesan los empleados públicos provinciales. Salarios que pierden frente a la inflación, paritarias insuficientes y un clima de malestar sostenido dentro del Estado chubutense erosionan la confianza en el gobierno, incluso entre sectores que hasta hace poco lo acompañaban.
El contraste es fuerte si se lo compara con otros mandatarios provinciales que lograron sostener o mejorar su imagen en contextos igualmente complejos. En Chubut, en cambio, la percepción social parece marcar que la narrativa ya no alcanza y que la gestión empieza a ser evaluada por sus resultados reales.
El retroceso de Torres en el ranking no solo refleja una foto del presente, sino que enciende una señal de alerta política: mantener imagen positiva sin resolver los problemas estructurales —especialmente los que golpean el bolsillo— se vuelve cada vez más difícil. La paciencia social, según muestran los números, empieza a agotarse.