En un panorama económico marcado por cifras récord en el Producto Bruto Interno (PBI) y el consumo privado, la morosidad en los préstamos otorgados a las familias argentinas alcanzó un nivel alarmante. Según un informe de la consultora 1816, basado en datos del Banco Central de la República Argentina (BCRA), la tasa de mora saltó del 2,5% en octubre de 2024 al 11,2% en febrero de 2026, representando un incremento sostenido durante dieciséis meses consecutivos y el valor más alto registrado desde el año 2004.
Este aumento significa que, en apenas un año, la morosidad interanual directa pasó de 2,94% a 11,2%, un fenómeno que en cualquier mercado financiero sería motivo de gran preocupación. La consultora destacó que, aunque la economía muestra un crecimiento agregado con un récord de consumo privado, este crecimiento no se refleja de manera uniforme en todos los sectores sociales. “Hay una economía con récord de PBI e incluso con récord de consumo privado, pero que al mismo tiempo está mostrando dificultades para derramar en amplios sectores de la sociedad”, señalaron.
El crecimiento del consumo estuvo impulsado principalmente por el crédito. Sin embargo, cuando las tasas de interés aumentaron o los salarios no crecieron al mismo ritmo, muchas familias quedaron con deudas impagables. En consecuencia, el consumo privado registró una caída interanual del 2,6%, a pesar de algunos repuntes mensuales.
La morosidad no afecta por igual a todos los tipos de préstamos. Los préstamos personales exhiben una tasa de irregularidad del 13,8% en febrero de 2026, la más alta en quince años. Estos préstamos y las tarjetas de crédito son usados mayoritariamente por sectores de ingresos medios y bajos para cubrir gastos cotidianos, como el hogar, servicios, alimentos y viajes. La economista Carla Montero explicó que “cuando los salarios reales no alcanzan, esas deudas son las primeras en caer”. En contraste, la mora en créditos hipotecarios permanece baja, ya que los deudores priorizan el pago de su vivienda.
Desde el punto de vista económico, el aumento de la mora se atribuye a una combinación de tasas de interés activas elevadas y la falta de crecimiento salarial real. La tasa de interés real se mantiene por encima de la inflación, impidiendo que las deudas se licúen con el tiempo, a diferencia de ciclos inflacionarios anteriores en los que esto ocurría de manera natural.
Fuera del sistema bancario tradicional, la situación es aún más crítica. Los proveedores de crédito no bancarios presentan niveles de mora que superan el 30% en algunos casos, incluyendo a compañías que financian la venta de electrodomésticos y textiles. Por ejemplo, Tarjeta Naranja reportó un nivel de mora del 35,7%, Cencosud el 25,5%, Credicuotas Consumo el 25,4% y Mercado Pago un 14,7% en enero de 2026.
Mercado Pago redujo el ritmo de crecimiento de su cartera crediticia en mayo de 2025, lo que provocó un aumento en la proporción de préstamos impagos, pasando de un 3,3% en diciembre de 2024 al 10,1% en diciembre de 2025. En Argentina, sus líneas de crédito alcanzan a 6,3 millones de clientes, equivalente al 14% de la población. La compañía indicó que mantiene una tasa de mora comparable a la banca privada y por debajo del promedio de entidades no bancarias, y que implementa comunicación proactiva y herramientas para facilitar la regularización de deudas y el acceso futuro al financiamiento.
En cuanto al sistema financiero en general, el BCRA informó que mantiene una cobertura elevada para enfrentar el deterioro crediticio. En febrero de 2026, las previsiones para cubrir la cartera irregular representaron el 90%, aumentando respecto a enero. El saldo neto de crédito irregular, descontando estas previsiones, se situó en 1,4%, ligeramente inferior al mes anterior.
El especialista Gabriel Meloni advirtió que estas previsiones están 63,8 puntos porcentuales por debajo de los niveles de un año atrás, lo que indica que el sistema financiero está más expuesto que hace doce meses, aunque aún conserva cierto margen de maniobra.
Desde el sector bancario se remarca la importancia de anticiparse a la morosidad mediante el monitoreo constante e individualizado, apoyado en tecnología para identificar señales tempranas de incumplimiento y ofrecer soluciones personalizadas antes de que la deuda se vuelva impagable. Esta estrategia de refinanciación preventiva es similar a la que aplican las fintech más avanzadas, interviniendo al detectar estrés financiero y no solo cuando ya existe un incumplimiento confirmado.
El aumento sostenido de la mora también tiene implicancias políticas. En el Congreso se debaten proyectos como "Segunda Oportunidad", que busca reestructurar deudas con intervención estatal, eliminando intereses por mora y limitando las cuotas a un máximo del 30% de los ingresos familiares. Sin embargo, desde la banca privada sostienen que “cuanto menos se meta el Gobierno, mejor”.
El ministro de Economía, Luis Caputo, planteó que la solución consiste en “seguir bajando la inflación, que bajen las tasas y que los bancos den plazos para que la gente se vaya acomodando”. No obstante, los analistas privados advierten que la mora no disminuirá por sí sola, sino que requiere una baja de las tasas reales, un crecimiento de los salarios en términos reales o una expansión del crédito suficiente para diluir el peso de la cartera en mora.
La Encuesta de Condiciones Crediticias del BCRA confirma que los términos de financiación se han vuelto más restrictivos tanto para empresas como para hogares. Sin cambios en estas variables, un decimoséptimo mes consecutivo de aumento en la mora parece más probable que una reversión.
Desde el sector fintech señalan que la baja en la mora probablemente se deba a un endurecimiento en los requisitos para otorgar préstamos, producto del aumento en los incumplimientos, lo que reduce el acceso al crédito.
La paradoja que detecta la consultora 1816 es compleja: Argentina exhibe un récord en PBI y consumo privado, pero la mora de las familias está en su peor nivel en dos décadas. No se trata de contradicciones, sino de dos caras de una misma moneda donde la recuperación llegó primero a los sectores de mayores ingresos, y el crédito actuó como puente para los demás. Cuando ese puente se volvió demasiado costoso, muchas familias comenzaron a caer en mora.
El riesgo futuro es un círculo vicioso: si la mora aumenta, bancos y fintech restringen el crédito y endurecen condiciones; si el crédito se cierra, el consumo cae en los sectores dependientes de ese financiamiento; y si el consumo cae, la recuperación económica se frena.
Para romper este ciclo no basta con esperar que las tasas bajen por sí solas. Es fundamental que los salarios reales recuperen terreno antes de que la deuda acumulada por millones de hogares se convierta en un problema sistémico que trascienda lo contable.