Durante años, conseguir un alquiler permanente en Esquel fue complicado. El crecimiento del turismo y de plataformas como Airbnb había llevado a muchos propietarios a retirar casas y departamentos del mercado tradicional para destinarlos a visitantes.
Pero las últimas temporadas cambiaron el panorama. Los inviernos vienen mostrando menor movimiento turístico, estadías más cortas y visitantes mucho más cuidadosos con sus gastos. Los veranos tampoco lograron compensar esa caída, afectando a alojamientos, gastronomía, comercio y servicios vinculados al sector.
Ante una ocupación cada vez más incierta, numerosos propietarios decidieron abandonar el alquiler turístico y volver a ofrecer sus viviendas de manera permanente.
Así, Esquel pasó rápidamente de tener escasez de alquileres a contar con una oferta mucho mayor. Y los precios comenzaron a bajar.
Sin embargo, apareció un dato todavía más preocupante: incluso con valores reducidos, muchas propiedades no encuentran inquilinos.
El problema ya no parece ser solamente cuánto cuesta un alquiler, sino cuánto pueden pagar las familias. La pérdida de poder adquisitivo, junto con el aumento de alimentos, servicios y otros gastos cotidianos, redujo fuertemente el margen disponible para vivienda.
El mercado inmobiliario termina mostrando dos caras de una misma crisis: menos turistas para ocupar los alquileres temporarios y menos ingresos entre los residentes para sostener los permanentes.
Esquel pasó así, en pocos años, de la falta de viviendas para alquilar a tener propiedades vacías incluso después de bajar sus precios. Una señal que excede al mercado inmobiliario y refleja el enfriamiento que atraviesa buena parte de la economía local.