Un informe técnico del Servicio Geológico Minero Argentino (SEGEMAR) había anticipado hace más de 20 años el derrumbe ocurrido días atrás en el cerro Hermitte, en Comodoro Rivadavia. La tragedia, que obligó a evacuar a cientos de familias, vuelve a poner en debate la falta de planificación urbana y abre una pregunta inquietante: ¿existen riesgos similares en otras ciudades patagónicas como Esquel?
El caso de Comodoro es contundente. En 2002, un estudio del SEGEMAR alertó que el barrio Sismográfica estaba asentado sobre suelos inestables, con materiales removidos naturalmente y alto riesgo de deslizamientos. Sin embargo, el crecimiento urbano avanzó durante dos décadas ignorando esas advertencias, hasta que el terreno colapsó, provocando un desplazamiento de grandes dimensiones que destruyó viviendas y generó una emergencia geológica.
Según explicó el propio SEGEMAR, en los últimos 25 años se realizaron alrededor de 45 estudios de peligrosidad geológica en la Patagonia, muchos de los cuales advirtieron sobre riesgos concretos vinculados al crecimiento urbano en zonas no aptas. Entre las localidades analizadas figuran Bariloche, San Martín de los Andes, Villa La Angostura, Trevelin, Rawson, Puerto Madryn y Esquel, entre otras .
¿Qué riesgos existen en Esquel?
En el caso de Esquel, los informes técnicos del SEGEMAR advierten principalmente sobre la caída de rocas, movimientos de ladera y procesos de remoción en masa en sectores con pendientes pronunciadas. Se trata de fenómenos naturales que pueden verse agravados por la acción humana, especialmente cuando la urbanización avanza sin estudios previos, sin obras de contención adecuadas y sin planificación territorial.
Especialistas remarcan que el crecimiento urbano en zonas de montaña, laderas y áreas inestables incrementa significativamente la vulnerabilidad, sobre todo frente a lluvias intensas, deshielos, movimientos sísmicos leves o intervenciones humanas como cortes de terreno, apertura de calles y tendido de servicios.
“Cada ciudad tiene su propia dinámica geológica, pero en casi todas notamos que el crecimiento urbano se está dando en zonas que no son aptas”, advirtió el geólogo Fernando Pereyra, investigador del SEGEMAR, al analizar la situación patagónica en su conjunto .
Una advertencia que no debería ignorarse
Lo ocurrido en Comodoro funciona como una señal de alerta para toda la región. La tragedia no fue un evento imprevisible, sino el resultado de advertencias técnicas ignoradas durante años, combinadas con la presión inmobiliaria y la ausencia de planificación a largo plazo.
En ciudades como Esquel, donde la expansión urbana avanza hacia zonas de pendiente y sectores cercanos a cerros y faldeos, la pregunta es inevitable: ¿se están respetando los estudios geológicos existentes? ¿se evalúan correctamente los riesgos antes de autorizar nuevas construcciones?
La experiencia de Comodoro deja una enseñanza clara: la prevención cuesta menos que la tragedia. Invertir en estudios técnicos, respetar los mapas de riesgo, planificar el crecimiento urbano y priorizar la seguridad de la población no es una opción, sino una obligación.