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11 de Julio de 2026

Cuando el trabajo y la pasión se convierten en una sola cosa: la historia de Claudio Kagerer

Entre montañas, agua cristalina y recuerdos de infancia, Claudio Kagerer cambió una profesión por su verdadera pasión. Hoy, cada salida en el lago Puelo es mucho más que una excursión: es una experiencia de vida que busca dejar una sonrisa en quienes llegan desde cualquier rincón del mundo.

Sabado, 11 de julio de 2026 a las 09:33

Hay personas que pasan toda una vida buscando aquello que verdaderamente las hace felices. Otras, en cambio, tienen la fortuna de descubrirlo desde muy pequeñas y, con el paso de los años, encuentran el camino para convertir esa pasión en su forma de vivir.

Ese parece ser el caso de Claudio Kagerer, uno de los referentes de Náutica Puelo, quien todos los días navega las aguas del Parque Nacional Lago Puelo llevando visitantes a descubrir uno de los paisajes más impactantes de la Patagonia.

En una nueva entrega del ciclo de entrevistas de Info Cordillera, el diálogo tuvo lugar en un escenario privilegiado: el muelle del Parque Nacional. Mientras la embarcación regresaba lentamente de una excursión y el imponente cerro Tres Picos dominaba el horizonte, Claudio compartió una historia atravesada por la vocación, la naturaleza y el profundo amor por el lugar donde decidió construir su vida.

"Navegar me apasiona desde siempre. Y si puedo ganar plata haciendo lo que me apasiona, mejor todavía", resume apenas comienza la charla. La frase parece sencilla, pero detrás de esas palabras hay años de decisiones importantes y de un regreso que cambió por completo el rumbo de su vida.

 

Una infancia junto al lago que marcó para siempre su destino

Aunque nació en Comodoro Rivadavia, en 1981, Claudio pasó buena parte de su infancia en Lago Puelo. Hasta 1990 vivió en la localidad, disfrutando de un entorno donde el lago era parte de la vida cotidiana.

Luego, por cuestiones laborales de su familia, llegó el momento de partir. El destino fue Misiones, más tarde la universidad en Córdoba, donde estudió y se recibió de contador público. Todo parecía indicar que su futuro estaría detrás de un escritorio.

Sin embargo, una vez obtenido el título universitario, sintió que algo no cerraba. Volvió al lugar donde había crecido y se hizo una pregunta que terminaría cambiando su vida.

"¿Qué voy a hacer trabajando de contador acá? Me pongo a navegar."

No fue una decisión improvisada. Las experiencias sobre el lago habían acompañado toda su infancia. "Imaginate que toda la infancia la pasé en el lago. Navegar era como venir un fin de semana cualquiera."

 

El primer aprendizaje: la seguridad nunca se negocia

Cuando recuerda aquellos primeros años arriba de una embarcación, hay una enseñanza que aparece inmediatamente. No habla primero de paisajes ni de aventuras, sino de responsabilidad.

"Lo primero que te enseñan es la seguridad. Mi viejo era el chaleco, el chaleco y el chaleco. Después hacemos lo que quieran, pero primero la seguridad. Arriba del agua no se negocia."

Esa filosofía sigue siendo hoy la base de cada salida. Aunque el Lago Puelo muchas veces se presenta sereno, como una inmensa superficie de cristal, Claudio sabe que puede cambiar en cuestión de minutos. El lago tiene carácter y quien lo navega debe aprender a leerlo.

 

Hay días en los que simplemente decide no salir

El día de la entrevista el paisaje parecía perfecto. El agua apenas se movía. Sin embargo, Claudio explica que esa tranquilidad no siempre está garantizada.

"Ahora estamos en invierno y casi no hay viento. Pero desde la primavera hay que respetar mucho el lago."

Con años de experiencia aprendió que no todas las jornadas son aptas para navegar y, aunque la embarcación esté preparada para hacerlo, muchas veces toma una decisión que prioriza a las personas por encima de cualquier interés económico.

"Hay días que directamente digo: hoy no voy a navegar. La embarcación es segura, pero no veo seguro que la gente se baje con una sonrisa. Y eso es lo más importante."

No habla solamente de evitar un riesgo. Habla de cuidar la experiencia, porque para muchos visitantes ese paseo será un recuerdo que los acompañará toda la vida. En determinadas condiciones pueden formarse olas de más de un metro y ráfagas cercanas a los 90 kilómetros por hora. Además, explica que el comportamiento del Lago Puelo es muy diferente al del mar.

"La ola del lago golpea muchísimo. Rebota contra la costa, vuelve la contraola... termina siendo como una licuadora."

 

Aprender nunca termina

A simple vista podría parecer que obtener una habilitación para conducir una embarcación es el objetivo final. Pero Claudio sostiene exactamente lo contrario.

"En cuanto a los exámenes, eso es rápido. En cuanto a estar capacitado... uno aprende todos los días algo nuevo."

Y agrega una frase que resume el respeto que sienten quienes viven el agua diariamente:

"Acá, el que dice que la sabe toda, pierde."

La naturaleza siempre tiene algo nuevo para enseñar.

 

Cada estación cambia el lago y también las emociones

Para muchos turistas, el Lago Puelo está asociado únicamente al verano. Sin embargo, Claudio asegura que cada época del año tiene una personalidad distinta.

"Cada uno tiene su estación favorita."

La suya es el otoño. Los colores del bosque, la tranquilidad y la luz sobre las montañas convierten esa temporada en un momento especial. Otros prefieren el verano por las temperaturas, algunos disfrutan el invierno por la calma del agua. El lago nunca deja de transformarse y justamente allí reside parte de su magia.

 

El rincón que más lo emociona

Después de tantos años navegando, uno podría pensar que ya no quedan lugares capaces de sorprenderlo. Pero no es así. Cuando se le pregunta cuál es su recorrido favorito, responde sin dudar:

"El límite con Chile."

¿Por qué? Porque, según cuenta, reúne todo lo que un navegante puede disfrutar. Hay sectores donde el lago está completamente calmo, en otros hay que enfrentar las olas; hay momentos para caminar, otros donde el viento empuja la embarcación y también tramos donde hay que avanzar rompiendo el oleaje.

"Eso tiene adrenalina. Me gusta mucho."

 

Cuando el humo reemplazó al paisaje y el corazón se rompió

Durante la conversación surge inevitablemente el recuerdo de los incendios forestales que afectaron la región meses atrás. En lugar de observar el cerro Tres Picos, durante varios días todo quedó cubierto por una inmensa nube de humo.

La respuesta de Claudio llega cargada de emoción.

"Se te rompe el corazón."

Hace una pausa y continúa:

"Creo que al 99 por ciento de la gente que vivimos acá se nos rompe el alma por la impotencia."

Quienes aman profundamente este lugar saben que el paisaje no es solamente un atractivo turístico. Es parte de su identidad y, por eso, ver el bosque arder deja una marca difícil de borrar.

 

Desde Beijing hasta Lago Puelo: una historia inesperada

A lo largo de los años pasaron por sus embarcaciones visitantes provenientes de todos los continentes. Sin embargo, hay un grupo que recuerda especialmente.

En 2019 llegaron unas jóvenes artistas provenientes de Beijing, en China. Eran acróbatas que se encontraban trabajando en Bariloche.

"Ni ellas sabían cómo terminaron en Lago Puelo", recuerda entre risas.

La comunicación no era sencilla. Contaban con una intérprete que hablaba inglés, pero finalmente descubrieron que existía un idioma mucho más importante.

"El lenguaje universal fue pasarla bien."

Meses después llegaría la pandemia de COVID-19 y aquella visita quedaría asociada para siempre a un recuerdo curioso.

 

De cuatro pasajeros a decenas de visitantes

Los comienzos de Claudio fueron muy diferentes a la realidad actual. Todo era mucho más artesanal. Tenía un pequeño bote para apenas cuatro personas. Él hacía absolutamente todo: era patrón, era guía, preparaba la embarcación e incluso colocaba los anzuelos porque aquellas excursiones incluían también una experiencia de pesca.

Hoy el crecimiento del turismo obligó a profesionalizar cada etapa. Las embarcaciones son más grandes, existe un equipo de trabajo y cuentan con una guía profesional durante los recorridos.

"Antes podía ponerle el anzuelo a cuatro personas. Hoy ya no puedo hacerlo con sesenta."

 

La sorpresa nunca distingue edades

Después de tantos años observando las reacciones de los visitantes, hay algo que Claudio tiene completamente claro. La emoción no depende de la edad.

No importa si son niños, adultos o personas mayores.

"Todo el mundo se sorprende. Todo el que abre los ojos y mira este lugar se sorprende."

Y probablemente allí resida el verdadero valor del Lago Puelo: tiene la capacidad de emocionar incluso a quienes ya recorrieron buena parte del planeta.

 

Mucho más que un paisaje: la calidez humana como sello de la Comarca

Antes de despedirse, Claudio deja un mensaje para quienes todavía no conocen la región. Asegura que el entorno natural es extraordinario, pero sostiene que existe algo igual de importante.

"La calidad humana."

Para él, ese es uno de los grandes motivos por los cuales tantas personas vuelven una y otra vez.

"En la gastronomía, en las excursiones, en los hospedajes... se genera un ambiente muy familiar."

No duda cuando intenta resumir la esencia de la Comarca Andina.

"Es un lugar muy humano."

Quizás esa sea la explicación más sencilla para entender por qué tantos visitantes llegan buscando conocer un lago y terminan enamorándose de todo un pueblo. Y también explica por qué Claudio Kagerer, aquel contador que un día decidió cambiar los números por el agua, nunca volvió a mirar hacia otro horizonte, porque encontró, en cada navegación, mucho más que un trabajo: encontró la manera de vivir haciendo exactamente aquello que soñaba desde niño.