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19 de Julio de 2026

El dólar perdió más de la mitad de su poder adquisitivo en 30 años, pero sigue siendo el refugio favorito en Argentina

Aunque el dólar estadounidense perdió un 53% de su poder de compra en las últimas tres décadas por la inflación, los argentinos continúan eligiéndolo como protección ante la devaluación histórica del peso y la inflación local.

Por Redacción

Domingo, 19 de julio de 2026 a las 06:00

La inflación no es un problema exclusivo de Argentina; Estados Unidos también ha sufrido una pérdida significativa en el poder adquisitivo de su moneda. En las últimas tres décadas, el dólar estadounidense ha perdido más de la mitad de su valor real, lo que impacta directamente en la capacidad de compra de quienes ahorran en esta divisa.

Gustavo Neffa, economista y director de Research for Traders (RfT), señala que “el dólar norteamericano perdió el 53% de su valor (poder adquisitivo) a lo largo de los últimos 30 años. Más vale que saquen esos dólares del colchón y los pongan a trabajar en activos reales”. En otras palabras, quienes han guardado sus dólares sin invertirlos ahora pueden adquirir menos de la mitad de los bienes y servicios que podían comprar al inicio de ese período.

Isaías Marini, economista de ONE618, añade que en la última década la inflación acumulada en Estados Unidos fue del 38%, lo que se traduce en una pérdida del 28% del poder adquisitivo del dólar. Además, aclara que incluso si la inflación se mantuviera en el objetivo de largo plazo de la Reserva Federal (Fed) del 2% anual, en 30 años el dólar perdería alrededor del 45% de su capacidad de compra.

Este fenómeno se agravó tras la pandemia, cuando la combinación de estímulos fiscales y monetarios, restricciones de oferta y aumentos en los precios internacionales de energía y alimentos elevaron la inflación. Darío Rossignolo, economista y profesor de Finanzas Públicas en la Universidad de Buenos Aires (UBA), destaca que en los últimos 50 años la pérdida del poder adquisitivo del dólar superó el 80%, debido principalmente a la eliminación del patrón oro en 1971, que dio paso al dinero fiduciario.

Rossignolo explica que la Fed mantiene una inflación baja intencionalmente, alrededor del 2%, para evitar la deflación y sostener el consumo. Sin embargo, episodios como la crisis financiera de 2008 y la pandemia de 2019 generaron expansiones monetarias que, junto con el aumento de precios en bienes no transables, intensificaron la desvalorización del dólar.

Andrés Salinas, economista e investigador de la Universidad de La Matanza, coincide en que la política monetaria de la Fed ha tolerado una inflación moderada para favorecer el crecimiento y amortiguar crisis económicas. Recuerda que en 2008 las tasas de interés se redujeron casi a cero y se inyectó liquidez mediante la compra de bonos, una medida similar a la adoptada durante la pandemia.

Este experto señala que existe un “trade off entre inflación y crecimiento”, que varía según la magnitud y duración de las políticas monetarias. En resumen, en Estados Unidos el dólar perdió un 53% de su poder de compra en los últimos 30 años.

Ante estos datos globales, surge la pregunta de por qué los argentinos siguen eligiendo ahorrar en dólares, tanto en el mercado oficial como en el blue. La respuesta está en la fuerte devaluación del peso frente al dólar a nivel local: en 2001 un dólar equivalía a un peso, mientras que hoy ronda los $1.500.

Federico Zerba, economista y jefe de Economía Sectorial del Instituto de Economía Sectorial (IES), explica que pese a la pérdida histórica del poder adquisitivo del dólar, para las familias argentinas esta moneda sigue siendo el principal resguardo frente a las recurrentes devaluaciones del peso, la inflación local y las restricciones cambiarias. “Para la economía familiar, el dólar no debe entenderse como una inversión de renta, sino como un mecanismo de protección indispensable frente a un escenario doméstico marcado por devaluaciones recurrentes, inflación en pesos y constantes restricciones cambiarias y comerciales”, afirma Zerba.

Andrés Salinas complementa que aunque el dólar perdió poder de compra en términos globales, en Argentina el peso ha sufrido una depreciación mucho más profunda. Por ello, el dólar mantiene mejor su valor y cumple un rol de seguro patrimonial más que de inversión.

Darío Rossignolo resalta que la inflación en Argentina es más intensa debido a que la emisión monetaria fue utilizada para financiar el déficit fiscal, lo que llevó a una caída de la demanda de dinero y a una fuga hacia el dólar como refugio de valor, que resulta menos depreciado que el peso.

Este año, el dólar apenas aumentó un 1% en Argentina, mientras que la inflación acumulada en los primeros seis meses fue del 16,8%, según datos del Indec.

Si bien el dólar ha sido históricamente un refugio para los argentinos, mantenerlo sin invertir no protege contra la inflación internacional. Los ahorristas enfrentan dificultades para acceder a instrumentos financieros que permitan preservar o aumentar el poder adquisitivo de sus dólares.

Isaías Marini menciona que existen diversas alternativas para tratar de conservar o incrementar el valor de esos dólares, cada una con riesgos y características diferentes que deben evaluarse según el perfil y plazo del inversor.

Los analistas coinciden en que el billete físico sigue siendo la opción más accesible para muchos argentinos, incluso superando en rentabilidad nominal a inversiones tradicionales como los inmuebles, cuyo valor promedio por metro cuadrado cayó entre un 5% y 10% desde 2018.

Federico Zerba concluye que el riesgo soberano y devaluatorio en Argentina afecta a casi todos los activos locales, consolidando al dólar billete como la mejor alternativa para preservar valor en el contexto actual.

Finalmente, la falta de acceso a herramientas financieras internacionales, como la compra directa de bonos del Tesoro estadounidense, limita las opciones de los ahorristas para mitigar la inflación global del dólar. La informalidad, el desconocimiento financiero y las barreras del sistema bancario local mantienen a muchos argentinos expuestos a la pérdida pasiva del poder adquisitivo de sus dólares frente a bienes transables.