En julio de 2026, la morosidad bancaria en créditos otorgados a familias argentinas alcanzó un 12,9%, un nivel récord que no se registraba en más de 20 años, según el último Informe de Bancos publicado por el Banco Central de la República Argentina (BCRA).
Este indicador aumentó 0,1 puntos porcentuales respecto al mes anterior y, en comparación con julio de 2025, se duplicó con creces, pasando del 5,6% al 12,9%, lo que representa un incremento interanual de 7,3 puntos porcentuales. Este salto refleja dos factores simultáneos: por un lado, la reducción en términos reales del stock total de créditos, que disminuye el denominador del cálculo; y por otro, un aumento de la cartera irregular, aunque a un ritmo más lento que en meses previos.
El ratio de irregularidad mide la proporción de préstamos con problemas de pago respecto al total de la cartera crediticia y se encuentra en niveles que no se veían desde principios del siglo XXI.
En cuanto al detalle por tipo de crédito, los préstamos personales exhiben la situación más crítica, con una mora que subió 0,3 puntos en julio hasta alcanzar el 16,7%. Las tarjetas de crédito también mostraron un aumento, llegando al 12,8% de morosidad, mientras que los créditos prendarios escalaron 0,2 puntos hasta el 8,1%. En contraste, el segmento hipotecario se mantuvo estable en un 1,6%.
La diferencia entre la morosidad en créditos a familias y a empresas es significativa: mientras que la mora en hogares superó el 12%, en las compañías se ubicó en un 3,6%, frente al 1,2% registrado un año atrás. Para el total del sector privado, la irregularidad alcanzó el 7,7%, más del doble que el 3,2% del mismo mes en 2025.
El BCRA señaló que el aumento mensual de la morosidad respondió principalmente a la caída real del stock de créditos, aunque la cartera irregular continuó creciendo, aunque con menor intensidad.
Por otro lado, la probabilidad de default estimada (PDE), que proyecta el porcentaje de deudores que podrían incumplir en el futuro, presentó una leve caída en julio, bajando 0,2 puntos porcentuales hasta el 2,4% para el crédito total al sector privado. En el caso de las familias, la PDE descendió 0,5 puntos hasta el 3,9%, mientras que para las empresas se mantuvo casi sin cambios en 1,1%.
Esta disminución de la PDE, que mide el riesgo prospectivo, contrasta con el aumento de la mora, que refleja atrasos concretos sobre el stock de créditos. El BCRA explicó que ambos indicadores son complementarios: la mora muestra el pasado reciente y la PDE proyecta hacia adelante.
En cuanto a la cobertura frente a préstamos irregulares, el sistema financiero mantiene niveles altos. En julio, las previsiones acumuladas por las entidades alcanzaron el 87,6% de la cartera en situación irregular, lo que implica que los bancos cuentan con reservas para cubrir casi 9 de cada 10 pesos de créditos con problemas.
Respecto al total de préstamos al sector privado, las previsiones llegaron al 6,7%, con un aumento mensual de 0,2 puntos. Además, la relación entre mora, previsiones y capital disponible mostró que el crédito irregular neto de previsiones representó el 2,1% de la responsabilidad patrimonial computable (RPC) del sistema financiero, indicador que bajó 0,1 puntos porcentuales respecto a junio.
Esto significa que los bancos disponen de margen para absorber el deterioro de la cartera sin afectar su solvencia, aunque la morosidad bancaria en máximos históricos seguirá siendo un tema relevante para los próximos meses, especialmente si el stock de créditos continúa cayendo en términos reales.
Por su parte, más de 57.000 empresas se encuentran en mora con los bancos, enfrentando dificultades para cumplir con sus obligaciones financieras debido a la contracción de las ventas y la reducción de márgenes. A pesar de cierta desaceleración inflacionaria, la fragilidad crediticia, la caída industrial y el aumento de cheques rechazados tensionan la cadena de pagos a niveles elevados.
El último informe del Sistema de Evaluación de Riesgo Financiero (Índice SERF) de la consultora Fidelitas indicó que en agosto el índice descendió a 38,3 puntos, 6,9 menos que en julio, desplazando al ecosistema corporativo desde la categoría de “Señales Mixtas” a “Riesgo Elevado”.
Esta situación responde a la brecha entre la macroeconomía y la realidad operativa: aunque la inflación de agosto fue del 1,7% y el comercio exterior muestra un desempeño favorable, la debilidad del mercado interno impide una recuperación generalizada.
El informe destaca que, si bien el endeudamiento vía crédito es bajo, la mora permanece alta, ubicando al Índice de Riesgo Crediticio en 17,8 puntos. Actualmente, 57.045 empresas operan en situación irregular, representando casi el 12% de las aproximadamente 480.000 firmas activas.
Entre enero y julio de 2026, la mora empresarial aumentó un 18,7%, mientras que el incremento interanual en los impagos alcanzó un 56,5%. Los sectores de Servicios y Comercio concentran el 71,9% de la morosidad total, aunque los mayores aumentos interanuales se dieron en Comercio (+78%), Industria Manufacturera (+76,3%) y Agro (+65,6%).
A la acumulación de deudas se suma el ahogo de la cadena de pagos: los cheques rechazados se mantienen en un promedio de 80.000 mensuales, acumulando en ocho meses un volumen equivalente al total de 2025. Esta demora en los pagos genera presión sobre proveedores sanos, agravando la tensión financiera.