En su segundo trimestre fiscal de 2027, NVIDIA alcanzó ingresos por USD 96.221 millones, duplicando sus cifras respecto al mismo período del año anterior, con un crecimiento del 106%. Su división de centros de datos, motor clave de este avance, facturó USD 89.000 millones, un aumento interanual del 117%.
Este salto económico refleja la acelerada expansión de la infraestructura necesaria para el desarrollo y operación de sistemas de inteligencia artificial (IA). Las unidades de procesamiento gráfico (GPU) de NVIDIA, originalmente diseñadas para gráficos, se han convertido en piezas fundamentales para procesar los masivos cálculos que requieren los modelos de IA, siendo ampliamente utilizadas por gigantes tecnológicos y proveedores de servicios en la nube.
Jensen Huang, fundador y CEO de NVIDIA, destacó que la capacidad de cómputo se ha transformado en una fuente de ingresos independiente. Explicó que "el negocio ya no pasa únicamente por desarrollar un modelo de inteligencia artificial, sino también por construir y operar la infraestructura necesaria para entrenarlo y hacerlo funcionar a gran escala".
Los centros de datos, antes concebidos solo como almacenes de información, se han convertido en la base física que sostiene gran parte de la economía digital actual. Estos requieren no solo servidores y procesadores, sino también una constante y considerable provisión de energía eléctrica para operar y refrigerar sus instalaciones.
Elon Musk advirtió que la energía es el principal límite para el crecimiento de la IA. Esta alerta cobra relevancia ante las cifras del Departamento de Energía de Estados Unidos, que indican que en 2023 los centros de datos consumieron 176 teravatios hora, equivalentes al 4,4% del consumo eléctrico nacional, un aumento significativo desde el 1,9% en 2018.
Las proyecciones para 2028 estiman que el consumo eléctrico de estos centros podría oscilar entre 325 y 580 teravatios hora, representando entre el 6,7% y el 12% de toda la electricidad consumida en el país. Este crecimiento plantea una presión considerable sobre la generación y distribución energética, además de exponer limitaciones en las redes eléctricas existentes.
El desafío no solo radica en generar más electricidad, sino también en ampliar y adaptar las infraestructuras para conectar estos centros de datos, ya que en muchas regiones las redes enfrentan restricciones de capacidad. La Agencia Internacional de Energía destaca que la expansión de estos centros representa una presión significativa para los sistemas eléctricos.
Además, la construcción de infraestructura energética suele tardar más que la edificación de los centros de datos, generando un desfase entre la rápida inversión tecnológica y la capacidad real del sistema eléctrico para abastecerla. Este cuello de botella se manifiesta tanto en la disponibilidad de energía como en su transporte hacia los centros de procesamiento.
La expansión también ha provocado resistencia social debido a su impacto en las redes eléctricas, el precio de la energía, el uso del agua y el territorio. En Estados Unidos, proyectos de centros de datos han sido bloqueados o demorados en distritos gobernados tanto por demócratas como republicanos. En 2025, al menos 48 proyectos por un valor aproximado de USD 156.000 millones sufrieron estas trabas, según Data Center Watch.
El consumo de agua es otro foco de controversia, ya que los sistemas de refrigeración de los servidores requieren grandes volúmenes, especialmente problemático en zonas con escasez hídrica. Asimismo, la necesidad de grandes superficies para instalar estos centros y su baja demanda de empleo permanente generan debates sobre su impacto económico local.
Esta situación crea una paradoja para Estados Unidos: mientras necesita expandir rápidamente su capacidad de cómputo para mantener la vanguardia en inteligencia artificial, la infraestructura física y energética requerida no puede crecer al mismo ritmo que la demanda tecnológica.
La energía se ha convertido en un factor estratégico para la industria tecnológica. Lugares con electricidad abundante, redes robustas y condiciones favorables para la refrigeración ganan atractivo para la instalación de centros de datos. La Agencia Internacional de Energía proyecta que el consumo global de electricidad de estos centros podría superar los 1.000 teravatios hora en 2030, frente a los 460 teravatios hora estimados para 2024, con Estados Unidos y China como principales protagonistas de este crecimiento.
En este contexto, el balance de NVIDIA no solo refleja ventas de procesadores, sino que también evidencia el auge de una industria que debe construir cada vez más capacidad física para procesar información. Su división de centros de datos aportó casi el 93% de sus ingresos totales, subrayando la importancia de la infraestructura en el negocio de la IA.
Este fenómeno demuestra que la carrera por la inteligencia artificial no depende únicamente de los modelos o chips más avanzados, sino también de la capacidad para asegurar energía y construir la infraestructura que los mantenga operativos a gran escala. La velocidad del avance tecnológico exige desarrollar un soporte físico sin precedentes, que incluye centrales eléctricas, redes de transmisión, sistemas de refrigeración y grandes terrenos.
El crecimiento exponencial de NVIDIA sirve como indicador de esta transformación industrial, mientras que los retos energéticos y sociales que enfrentan los centros de datos marcan los límites y desafíos para la expansión de la inteligencia artificial en el futuro próximo.