Argentina podría protagonizar durante la próxima década una expansión minera sin precedentes. Las proyecciones oficiales estiman que las exportaciones del sector, que rondaron los USD 6.000 millones en 2025, podrían alcanzar los USD 9.800 millones este año, USD 18.500 millones en 2030 y USD 41.700 millones hacia 2035.
Pero detrás de esas cifras aparece un componente que excede ampliamente la economía: la disputa geopolítica entre Estados Unidos y China por el control y abastecimiento de minerales considerados estratégicos.
Washington viene mostrando un interés creciente por los recursos argentinos. El objetivo estadounidense es asegurar cadenas de suministro alternativas a China para minerales indispensables para la industria tecnológica, energética y de defensa. Argentina y Estados Unidos formalizaron este año un marco de cooperación sobre minerales críticos y existen herramientas financieras norteamericanas que podrían respaldar proyectos vinculados al sector.
La oportunidad económica es evidente, pero también aparece un riesgo: que las necesidades estratégicas de las grandes potencias terminen acelerando decisiones mineras internas que todavía generan fuertes discusiones ambientales, sociales y políticas en las provincias.
Chubut y un recurso particularmente sensible: el uranio
En ese mapa, Chubut ocupa un lugar que merece especial atención.
La provincia posee importantes recursos de uranio, un mineral que adquiere cada vez mayor valor estratégico por el crecimiento mundial de la energía nuclear. Entre los principales depósitos aparece Cerro Solo, en la meseta central chubutense, donde distintas estimaciones ubican unas 4.420 toneladas de uranio.
Pero no se trata solamente de una posibilidad futura.
Durante este año, la canadiense Jaguar Uranium comenzó trabajos de campo en el área Guanaco, perteneciente al proyecto Laguna Salada, en Chubut, luego de obtener aprobación ambiental provincial para tareas exploratorias. La propia compañía vinculó las posibilidades de desarrollo y financiamiento de sus proyectos argentinos con el acuerdo sobre minerales críticos entre Argentina y Estados Unidos.
El dato cobra mayor dimensión porque Argentina cuenta con 327 proyectos mineros identificados, mientras alrededor del 70% del territorio con potencial minero todavía no fue explorado. Además del cobre y el litio, el propio relevamiento oficial menciona expresamente el potencial argentino en uranio.
¿Oportunidad económica o presión externa?
La discusión, entonces, ya no pasa solamente por estar a favor o en contra de la minería.
La pregunta que comienza a plantearse es quién determinará el ritmo y las condiciones bajo las cuales Argentina explote sus recursos estratégicos.
Estados Unidos necesita minerales para garantizar su seguridad energética e industrial y reducir la dependencia de China. Argentina los tiene. Y Chubut posee uno de los recursos más sensibles de todos: el uranio.
Para una provincia que mantiene desde hace más de dos décadas una fuerte discusión social alrededor de la minería, el nuevo escenario internacional puede significar una presión adicional.
Los miles de millones de dólares proyectados en exportaciones pueden representar inversiones, empleo e infraestructura. Pero también obligan a preguntarse cuánto margen conservarán las provincias para definir sus propias políticas ambientales y productivas cuando detrás de determinados proyectos comienzan a jugar intereses económicos y estratégicos de potencias mundiales.
En Chubut, donde el debate minero nunca desapareció completamente, el uranio vuelve lentamente al centro de la escena. Y esta vez la discusión puede no estar impulsada solamente desde Buenos Aires o Rawson: también desde Washington.