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1 de Febrero de 2026

El petróleo crece en Neuquén y se apaga en Chubut

Mientras Nación celebra récords impulsados por Neuquén, la cuenca del Golfo San Jorge se hunde. Caída de producción, salida de YPF de Comodoro Rivadavia y pérdida de empleo exponen el abandono hacia las provincias petroleras históricas.

Por Redacción

Sabado, 31 de enero de 2026 a las 17:53

En 2025 la producción de petróleo en Argentina alcanzó un récord histórico, con más de 46 millones de metros cúbicos de crudo extraído a lo largo del año. En diciembre, el país llegó a producir alrededor de 868.000 barriles diarios, el mayor nivel en casi tres décadas, impulsado casi exclusivamente por el desarrollo de los hidrocarburos no convencionales en Vaca Muerta. El crecimiento interanual fue superior al 13%, consolidando un fuerte aumento de las exportaciones y del superávit energético.

Sin embargo, el panorama cambia de manera drástica cuando se excluye a Neuquén de las estadísticas. Sin Vaca Muerta, la producción del resto de las provincias cayó a unos 16,2 millones de metros cúbicos, uno de los registros más bajos del siglo. El dato expone con claridad un modelo energético altamente concentrado, que crece en un solo territorio mientras retrocede en las cuencas petroleras históricas.

En ese contexto, Chubut atraviesa una de las etapas más críticas de su historia petrolera. Durante 2025, la provincia produjo 7,19 millones de metros cúbicos de crudo, lo que representó una caída aproximada del 3,2% respecto de 2024, cuando había superado los 7,4 millones. El volumen actual se ubica muy por debajo del promedio de la última década, que rondaba los 8,1 millones de metros cúbicos anuales, confirmando el deterioro sostenido de la Cuenca del Golfo San Jorge.

Históricamente, Chubut fue uno de los pilares del petróleo argentino. Yacimientos como Cerro Dragón llegaron a explicar una porción significativa de la producción nacional, con reservas estimadas en torno a 1.000 millones de barriles y un peso clave en el entramado económico regional. Hoy, esos campos maduros enfrentan declino natural, menores inversiones y una creciente pérdida de competitividad frente al shale.

Uno de los hechos más determinantes de 2025 fue la salida definitiva de YPF de Comodoro Rivadavia, la ciudad donde nació la petrolera estatal y que durante más de un siglo fue sinónimo de petróleo en la Argentina. El traspaso de las últimas áreas operadas por YPF marcó el cierre de una etapa histórica y dejó a la cuenca sin su principal actor, profundizando la incertidumbre sobre el futuro de la actividad convencional.

La decisión de YPF responde a una estrategia nacional de concentración de inversiones en Vaca Muerta, donde la rentabilidad y las perspectivas de crecimiento son mayores. Pero en Chubut el impacto fue inmediato: menor nivel de actividad, caída de la inversión y una fuerte contracción del empleo petrolero y de los servicios asociados. Comodoro Rivadavia, que durante décadas funcionó como un amortiguador frente a las crisis nacionales, hoy muestra señales claras de deterioro social y económico.

La caída del empleo petrolero se replica en otros sectores. La construcción, el comercio y los servicios vinculados a la industria registran un freno significativo, con pérdida de puestos de trabajo, reducción de la masa salarial y aumento de la desocupación. Al mismo tiempo, la menor producción impacta directamente en las finanzas provinciales, ya que reduce los ingresos por regalías en un contexto de creciente demanda social y restricciones fiscales.

Mientras el discurso nacional sigue celebrando récords productivos y superávit energético, el mapa petrolero argentino se redefine con ganadores y perdedores claros. Neuquén concentra inversiones, producción y crecimiento; provincias históricas como Chubut quedan relegadas, enfrentando el declive de su principal actividad económica.

De cara a 2026, el desafío para Chubut será evitar que la caída sostenida de la producción y la salida de YPF se traduzcan en un proceso irreversible de desindustrialización. Sin políticas específicas para las cuencas maduras y sin una estrategia energética verdaderamente federal, el récord nacional seguirá siendo, para la Patagonia Sur petrolera, una cifra ajena.