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30 de Agosto de 2026

Merino ganó, pero la UCR se partió: Guajardo consolida un sector que desafía el acuerdo con Torres

Gerardo Merino se impuso en la elección partidaria, pero el resultado dejó consolidado un sector opositor encabezado por Sergio Guajardo. Denuncian presiones desde el Gobierno, cuestionan la votación a viva voz y advierten sobre posibles irregularidades. La pelea por las reelecciones de intendentes aparece además como uno de los antecedentes que terminó profundizando la ruptura.

Por Redacción

Domingo, 30 de agosto de 2026 a las 15:26

La elección de autoridades de la UCR de Chubut terminó con el triunfo de Gerardo Merino sobre Sergio Guajardo, pero lejos de cerrar la interna dejó al radicalismo dividido en dos sectores cada vez más enfrentados.

Merino logró imponerse por 40 votos contra 25 y quedó al frente de la conducción partidaria, sosteniendo la línea política que busca mantener al radicalismo dentro del armado provincial encabezado por el gobernador Ignacio Torres.

Del otro lado, Guajardo quedó fortalecido como referente de un espacio opositor que ya se identifica como UCR Federal y reclama mayor autonomía partidaria, protagonismo del interior y una revisión profunda de la relación con el Gobierno provincial.

Las diferencias no comenzaron con la elección. Uno de los episodios que profundizó el malestar fue el tratamiento legislativo que permitió nuevas reelecciones de intendentes sin Carta Orgánica, una modificación que contó con acompañamiento radical y terminó beneficiando políticamente a varios jefes comunales.

Para sectores del radicalismo, aquella decisión mostró hasta qué punto una parte de la UCR estaba dispuesta a acompañar las necesidades políticas del oficialismo provincial. La discusión por las reelecciones terminó así convirtiéndose en uno de los detonantes de una rebelión interna que posteriormente encontró en Guajardo una figura alrededor de la cual organizarse.

La tensión aumentó todavía más durante el proceso de renovación de autoridades.

Desde el sector opositor aseguran que existieron fuertes presiones sobre los delegados y apuntan directamente contra la intervención de sectores vinculados al Gobierno provincial. Incluso referentes radicales denunciaron públicamente supuestos “aprietes” para condicionar el resultado.

Uno de los puntos más cuestionados fue la negativa a realizar una votación secreta. Finalmente los delegados debieron expresar públicamente su decisión, una modalidad especialmente cuestionada por el sector de Guajardo justamente porque las denuncias previas advertían sobre posibles presiones.

También existen cuestionamientos sobre quiénes estuvieron habilitados para votar. Desde la oposición aseguran que se habría permitido participar de la elección a jóvenes radicales que tenían voz dentro del plenario pero no derecho a voto, una situación que ahora podría ser analizada para determinar si corresponde avanzar con impugnaciones o planteos judiciales.

Guajardo, tras conocerse el resultado, sostuvo que “el aparato jugó muy fuerte” y resumió el resultado con una frase que refleja la estrategia que parece comenzar a construir su sector: “Perdiendo ganamos”.

Y probablemente allí esté la principal consecuencia política de la elección.

Merino consiguió la presidencia partidaria, pero Guajardo reunió 25 votos y logró ordenar detrás suyo a un sector que hasta hace poco aparecía disperso. La UCR Federal comienza ahora a funcionar como un polo interno con dirigentes propios y un discurso mucho más crítico respecto de la relación con Torres.

Mientras Merino apuesta a sostener el entendimiento con el Gobernador, desde el otro sector consideran que lo ocurrido durante la interna los aleja cada vez más de ese acuerdo político.

Incluso algunos referentes advierten que, si la nueva conducción profundiza el alineamiento con el oficialismo provincial, la UCR Federal podría sentirse liberada para explorar otros acuerdos y alianzas de cara a 2027.

La interna, entonces, terminó dejando una paradoja: Merino ganó la conducción de la UCR, pero la forma en que se desarrolló la elección podría haber fortalecido al sector que pretende terminar con el alineamiento automático detrás de Torres.

La disputa ya no parece ser solamente por quién conduce el radicalismo, sino por una discusión mucho más profunda: qué relación tendrá la UCR con el Gobierno provincial y quién tendrá finalmente libertad para definir las alianzas electorales de 2027.