Desde diciembre de 2023, la morosidad en créditos otorgados a personas y familias ha experimentado un incremento significativo, alcanzando niveles sin precedentes que generan gran preocupación en el Gobierno, bancos y empresas de billeteras digitales. Este fenómeno está vinculado a la suba de las tasas de interés por encima de la inflación y a salarios que apenas logran ajustarse al ritmo inflacionario.
El sistema financiero argentino, tanto bancario como no bancario, atraviesa una transición caracterizada por tasas de interés a la baja pero con récords en la morosidad de créditos personales, tarjetas y préstamos no bancarios. Según la consultora 1816, la irregularidad en la financiación con tarjetas de crédito para familias llegó al 11% a comienzos de 2026, el nivel más alto desde la crisis de 2001-2002. En el sector no bancario, este índice supera el 25%, afectando especialmente a jóvenes y jubilados.
Este aumento en la morosidad conlleva consecuencias como intereses moratorios, reportes negativos en centrales de riesgo y posibles acciones legales, incluyendo embargos. La consultora Qaly, analizando datos del Banco Central, identifica que el principal factor que predice la mora actual es el sobreendeudamiento ocurrido seis meses antes, más que la inflación o la actividad económica del momento.
La irregularidad en la cartera de crédito a familias creció del 2,8% en diciembre de 2023 al 11,2% en febrero de 2026, alcanzando casi el 12% en abril. En préstamos personales, la mora subió del 4,3% al 13,8% y en tarjetas de crédito del 1,8% al 11,6% en el mismo período. En el segmento no bancario, que incluye fintech y billeteras digitales, las tasas de mora superan el 30% en muchos casos, duplicando o triplicando las cifras del sistema tradicional.
La directora de Qaly, Anastasia Decish, describe este fenómeno como un efecto bola de nieve con rezago: "El deterioro del ingreso real empujó a las familias a usar el crédito como sustituto parcial del salario. El ajuste fiscal y monetario provocó una caída del poder adquisitivo que aún persiste. Además, gastos inelásticos como transporte, energía y alquileres aumentaron por encima de la inflación, reduciendo la capacidad de pago".
Decish agrega que el endeudamiento total de las familias en moneda corriente creció 5,3 veces entre diciembre de 2023 y enero de 2026, con un aumento de 9 veces en préstamos personales y 3,4 veces en tarjetas. La relación deuda-masa salarial pasó de 0,99 a 2,09, mientras que las tasas de interés reales alcanzaron el 5,2% mensual en tarjetas, lo que hace insostenible el pago de las obligaciones.
El estudio también señala que la recuperación económica no se traduce en mejoría para los hogares más endeudados, ya que el crecimiento favorece sectores exportadores y no necesariamente al consumo interno. Así, una mejora del PBI agregado no resuelve la mora si no incrementa los ingresos de estas familias.
El problema se agrava en el segmento no bancario, donde las fintech y financieras ofrecen créditos de acceso rápido con requisitos laxos y tasas muy elevadas. En un contexto de baja educación financiera y caída del poder adquisitivo, estos créditos actúan como catalizadores del sobreendeudamiento, con intereses compuestos que vuelven la deuda impagable.
Respecto a la reactivación económica, el crédito tradicional pierde eficacia en el corto plazo debido a que las familias están sobreendeudadas y los bancos endurecen sus criterios de otorgamiento. La Encuesta de Condiciones Crediticias del BCRA del primer trimestre de 2026 refleja esta cautela y una menor demanda de crédito familiar, generando un círculo vicioso que afecta el consumo y la actividad económica.
Además, el ahorro de mediano y largo plazo es escaso, limitando la capacidad de financiamiento a proyectos mayores. Por ello, medidas como reducir tasas nominales o lanzar nuevas líneas de crédito tendrían efectos marginales sin una recuperación real y sostenida del ingreso familiar y una disminución del costo financiero efectivo, que actualmente incluye tasas reales positivas y comisiones que elevan el costo total.
Un estudio reciente de la consultora Eco Go alerta sobre el aumento de créditos no bancarios catalogados como irrecuperables, que se cuadruplicaron en un año hasta representar el 10,8% de la cartera total en marzo de 2026. El stock de deuda irrecuperable pasó de $232.000 millones a $1,5 billones, reflejando un deterioro acelerado y constante durante los últimos meses.
La irregularidad total en créditos no bancarios alcanzó el 27,5% en marzo, frente al 10% del año anterior, con una caída en la proporción de créditos regulares. La mora en entidades financieras tradicionales también llegó a su máximo desde 2020, con un 6,7%, y la mora bancaria en familias alcanzó el 11,6%.
Las tasas de interés siguen siendo elevadas, con préstamos personales bancarios manteniendo una tasa nominal anual promedio del 68,3% en mayo, sin cambios significativos. El crédito no bancario representa el 36,7% de la masa salarial mensual para las familias, y sumando el bancario, la deuda total alcanza el 145,4%, con cifras aún más altas en trabajadores informales y cuentapropistas.
En marzo se registró una caída en el financiamiento tanto no bancario como bancario, aunque el volumen actual del crédito no bancario sigue siendo considerablemente superior al registrado en marzo de 2024 y al pico previo de 2018. Tarjeta Naranja lidera el mercado no bancario con una participación del 37,7%, seguida por Mercado Libre y otras firmas digitales.
Los analistas coinciden en que la combinación de inflación persistente, caída del poder adquisitivo y dificultad para refinanciar deudas afecta la capacidad de pago de millones de personas. La morosidad es un indicador de alerta que no debe ser ignorado ni abordado con medidas temporales, pues el problema es estructural y requiere soluciones profundas.
Especialmente preocupantes son los altos niveles de morosidad en entidades no bancarias del interior del país, como mutuales, cooperativas y financieras que otorgan préstamos a trabajadores públicos mediante descuentos por código. En algunos casos, la mora supera el 30% y resulta imposible de refinanciar.
Actualmente, los bancos ofrecen refinanciar saldos de tarjetas de crédito en hasta 12 cuotas, a veces a tasa fija, pero muchos usuarios no pueden afrontar estos pagos y optan por dejar de pagar. Algunos que aceptan la refinanciación pierden la tarjeta y deben buscar otra entidad para obtener crédito. Una posible solución sería replicar el esquema de la pandemia, con cuotas fijas sin intereses para aliviar la carga.
El aumento de la mora se explica porque con una inflación más baja las cuotas dejan de licuarse y la deuda pesa más sobre los salarios, mientras las tasas reales positivas encarecen la refinanciación. El equipo económico estima que la morosidad bancaria ya alcanzó su pico y que el sistema financiero comienza a sanearse, con datos alentadores en marzo y abril.
El presidente del BCRA, Santiago Bausili, destacó la necesidad de mejorar los sistemas de scoring bancarios y señaló que la baja de la inflación elimina el efecto de licuación de las últimas cuotas de créditos en pesos, lo que contribuye al aumento de la mora. Consideró que la suba de la inflación en el primer trimestre de 2026 fue un shock temporal.
Para dimensionar el contexto actual, la morosidad promedio del sistema financiero era del 7% en diciembre de 2019, con 6% para personas físicas y 7,5% para empresas. En años anteriores, estos niveles fueron sustancialmente menores, evidenciando un deterioro progresivo desde la crisis de 2018.